viernes, 24 de octubre de 2008

[En otras palabras] La llama

Los libros pueden abrir puertas a mundos desconocidos... pero también abrir ventanas que iluminen los rincones más ocultos de tu propio interior.

LA LLAMA

Leer es una llama.
El libro que estoy leyendo me aguarda ahí, en la mesa, apagado. Al leerlo lo enciendo.
Si yo no lo encendiera, él no brillaría. Los libros no son películas: no arden en salas vacías, sin ojos espectadores. Los libros no son músicas: no suenan por error o por descuido, no se escuchan en radios que nadie oye, no hacen ruido de fondo. No son esculturas ni pinturas, tan quietas y abandonadas, tan ellas mismas pese a todo.
Los libros son luces apagadas. Mi libro me necesita para encenderse. Ahí está, cerrado y en apariencia inofensivo. Sólo en apariencia: deja que alguien lo lea y el libro arda, y verás cómo quema y cuánto alumbra. Y cuando así sucede, ni el agua ni el fuego logra extinguirlos: lo saben todos los tiranos. Apagar un libro consiste en no leerlo. Haz este experimento: déjalo a merced del viento, que el aire hojee sus páginas. ¿Qué sucede? Nada. No se enciende. No pide ser abierto sino leído.
Sólo nosotros podemos encenderlos. La llama que enciende todos los libros está en nuestros ojos. Vamos por ahí, tan tranquilos, nos despertamos y volvemos a acostarnos, contemplamos la tele o un rostro querido, un espejo o unas nubes, lo vemos todo sin encender nada, sólo los libros arden con la mirada. No sabemos cuántos libros encendemos al cabo del tiempo, cuántas páginas han ardido bajo nuestros ojos. Si te pones a pensar, no hay nada más extraño que leer. Vas leyendo y vas alumbrándote. Te gusta lo que lees, y te incendias.

José Carlos Somoza


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2 comentarios:

Juan Antonio dijo...

Preciosa reflexión. La comparto plenamente. Un libro no es nada sin su lector. La obra literaria se hace en el momento en que las ideas y sentimientos del autor despiertan ecos en los de su lector.

Besos.

Sibila dijo...

Cada persona recrea la historia y le otorga nuevos significados... el autor pone en el mundo el texto, pero el lector le da vida nueva cada vez.

Un saludo.