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lunes, 23 de enero de 2012

¡Adelante!

Atravesaron el laberinto del jardín o, más bien, lo que quedaba de él, y a menudo tuvieron que dar rodeos, porque muchos senderos desembocaban ya en la Nada.
Cuando finalmente llegaron al borde exterior de la llanura y salieron del Laberinto, los porteadores invisibles se detuvieron. Parecían esperar órdenes.
La Emperatriz Infantil se incorporó en sus cojines y echó una mirada hacia atrás, a la Torre de Marfil. Y mientras volvía a reclinarse en sus almohadas, dijo:
-¡Adelante! ¡Siempre adelante... a cualquier parte!


Michael Ende, La Historia Interminable


No siempre podemos saber a dónde vamos cuando decidimos avanzar. Habrá caminos inicialmente prometedores que lleven a lugares inhóspitos, puertas que permanecerán cerradas por más que las empujemos, abismos infranqueables, y carreteras cortadas.

Daremos rodeos, frenaremos la marcha, en ocasiones incluso nos veremos forzados a dar media vuelta y volver a elegir otro sendero, otra salida. A veces, tendremos que optar por lo menos malo en vez de por lo que deseamos o consideramos mejor. Tendremos que adaptarnos a las circunstancias y al terreno, y estar preparados para lo que nos podamos encontrar o lo que pueda surgir de improviso.

No nos engañemos, sabemos que no será sencillo, ni cómodo, y que habrá que correr en ocasiones, trepar en otras, e incluso pasear alguna vez por la cuerda floja o el filo de la navaja. Pero también sabemos que detenerse para algo más que para tomar aliento significa anquilosarse, y que si dejamos que la hierba crezca a nuestro alrededor, las raíces nos engrilletarán los pies.

Y sabiendo esto, podremos poner el pie en el camino, y daremos un primer paso, un salto de fe. Y a partir de ese momento, sin prisa pero sin pausa, sin atisbar siquiera meta alguna en el horizonte, avanzaremos. Sin más destino que el propio caminar, adelante, siempre hacia adelante.

lunes, 6 de junio de 2011

Un paso más allá

Syrio dice que cada herida es una lección, y que cada lección te lleva un paso más allá.

Arya Stark, en Juego de Tronos, de George R.R. Martin


El dolor es el gran maestro, dicen. Podemos saber las cosas, preverlas y hasta esperarlas, pero no aprendemos de verdad hasta que recibimos el golpe. La ventaja es que entonces ya no lo olvidamos nunca.
Cada golpe es una lección, cada herida nos hace más fuertes, no porque se endurezca la piel, o el alma, sino porque nos enseña a protegernos, a defendernos, incluso a contratacar.

Una cicatriz debería siempre dividirnos en dos: la persona que éramos antes de que nos dañasen y la que fuimos a partir de entonces. Una marca indolora pero indeleble, al igual que la herida que señaló nuestra piel debe dejar de doler con el tiempo pero nunca desaparecer de nuestra memoria. Cada dolor que afrontamos nos hace avanzar, cada dolor que se convierte en enseñanza nos hace crecer.

miércoles, 17 de noviembre de 2010

No eres el centro

...esa pequeña lección que a veces la vida enseña a palos: que no eres el único que observa el mundo. Que la otra gente es gente; mientras los miras, ellos te miran a tí, y piensan en tí mientras tú piensas en ellos. Que tú no eres el centro del mundo.

Terry Pratchett, Regimiento Monstruoso

Todas y cada una de las personas del mundo, de los miles de millones de personas vivas que hay sobre el planeta, son el centro de su propio universo, protagonistas de su propia historia. En las vidas de los demás, sólo somos secundarios, o incluso extras sin texto.
¿Por qué no tratamos, para variar, de entrar en el mundo de los demás en lugar de hacerles encajar en el nuestro?

lunes, 8 de noviembre de 2010

Forjándonos

Pero tú, a quien nada limita, por tu propio arbitrio, entre cuyas manos yo te he entregado, te defines a ti mismo. Te coloqué en medio del mundo para que pudieras contemplar mejor lo que el mundo contiene. No te he hecho ni celeste, ni terrestre, ni mortal ni inmortal, a fin de que tú mismo, libremente, a la manera de un buen pintor o de un hábil escultor, remates tu propia forma.

Giovanni Pico della Mirandola,
Oratio de hominis dignitate

Las circunstancias y acontecimientos que nos han tocado vivir pueden ayudarnos o limitarnos, los caminos y las puertas que logremos encontrar son los únicos que podemos seguir. Pero depende de nosotros cómo afrontar las circunstancias, y cómo andar el camino.

Las elecciones que hagamos, y sobre todo los motivos por los que las tomemos, serán lo que nos convierta, poco a poco, en lo que somos. Y, en un proceso que nunca termina, iremos construyéndonos a nosotros mismos, levantando sobre nuestra herencia nuestra personalidad. A veces las estructuras se derrumbarán, pero si nos esforzamos en entender la causa, alzaremos otras más firmes. Los límites y las barreras siempre existirán, pero aprenderemos cuáles pueden saltarse, y cómo, y cuáles debemos respetar, y por qué.

Somos libres para decidir lo que queremos ser, y libres para elegir cómo llegar a serlo. Entre el cielo y la tierra, entre la vida y la muerte, tenemos todo el espacio para crearnos a nosotros mismos.

miércoles, 28 de julio de 2010

El cuento y la imaginación

En el proceso de endoculturación, no basta con enseñar las normas y valores, además es necesario crear las bases para que la persona pueda aprender por sí misma, a pensar, y también a soñar. Los símbolos aprendidos en la infancia se irán enriqueciendo con el tiempo, y el mundo interior se irá poblando con imágenes y significados nuevos. Los cuentos infantiles seguirán así mostrándonos lecciones valiosas durante toda nuestra vida.
La imaginación del niño, que comenzó a despertarse en los primeros meses de vida, brota ya a borbotones y se desbordará sin el cauce de fina arena que le ofrece el cuento de hadas, no dejando que se atrofie o que entre en el campo de la patología. Esa imaginacion infantil que le permite ver un río en la alfombra del pasillo, y una carretera polvorienta en un rayo de sol que llega hasta su mano. Transposición mágica de la realidad en ensueño, despertar de la parte más importante en la vida mental del ser humano, la cualidad imaginativa.
No desterremos el cuento de hadas y de duendes. Mucho se ha discutido sobre ello, pero si a la imaginación del niño no se le da el cuento mágico cuando le llega la hora de nutrirse de maravillas, tomará el relato de brujas o de crímenes espeluznantes o de su cesos misteriosos, que dejarán terrible y peligrosa huella en su cerebro. La necesidad de su espintu la satisfará con lo que encuentre a mano. Es un momento decisivo en su vida interior.
Es doloroso que el niño, siempre imaginativo, se vea defraudado por un exceso de realidades, convirtiéndose en un ser vulgar y gris, siempre a ras de tierra, sin una chispa de luz divina en su cerebro. Tal es el caso de la mayor parte de los seres humanos.
Una imaginación bien canalizada es la más brillante colaboración de la inteligencia, sirviendo a planes bien definidos y concurriendo a resultados utilísimos. Basta recordar el amplio campo de la hipótesis en las ciencias.

Elena Fortún, Pues señor...
(Cómo debe contarse el cuento
y cuentos para ser contados)

miércoles, 21 de julio de 2010

Media luna


Yaya Ceravieja siempre se había preguntado qué tenía de especial la luna llena. Sólo era un enorme círculo de luz. Y la luna nueva sólo era oscuridad.
Pero, a mitad de camino entre las dos, cuando la luna estaba entre ambos mundos de luz y oscuridad, cuando incluso la luna vivía en el límite... quizá entonces una bruja podía creer en la luna.

Terry Pratchett, Brujas de Viaje

lunes, 5 de julio de 2010

La letra de la ley

Las creencias y rituales religiosos también muestran relaciones adaptativas en forma de tabúes. A menudo los tabúes adoptan la forma de mandatos sagrados que resuelven las ambigüedades y controlan la tentación de involucrarse en conductas como el incesto, que tienen beneficios a corto plazo pero que, a la larga, son socialmente perturbadoras. Con este enfoque se pueden examinar muchos tabúes sobre animales cuya explotación provoca consecuencias ecológicas y económicas ambiguas. Por ejemplo, el tabú del cerdo entre los antiguos israelitas se puede comprender como una adaptación al cambio de los costos y beneficios de la cria de cerdos, provocado por el crecimiento demográfico, la deforestación y la desertización. Una relación análoga entre costos y beneficios a corto y a largo plazo, puede también explicar la pauta de uso y no uso de ciertos animales y tabúes asociados a diversas intensidades de lo sagrado que cabe observar en aldeas de diferentes tamaños de la selva tropical amazónica. Un ejemplo final de la forma en que tabúes y religiones enteras se adaptan a contextos políticos, económicos y ecológicos cambiantes es la vaca sagrada en la India.

Marvin Harris, Antropología Cultural
Cap. 12: La religión

Las reglas y normas evolucionan. Los preceptos que se crearon para una población específica en un contexto específico, no siempre tienen el mismo sentido tras la colonización de nuevas tierras, la mezcla racial y cultural que se produce con el contacto con otros pueblos, o el simple paso del tiempo.
Pero las leyes no siguen esta evolución de manera natural. Mientras más explícita es una norma, mientras más estricta sea la obligación de su cumplimiento o más duros los castigos por su incumplimiento, más difícil será que sufra cambios, y éstos serán más lentos. Cuánto menos se recuerde de los motivos que llevaron a hacer las cosas de determinada manera, menos dispuesta estará una comunidad a cambiarlos. Y, por supuesto, siempre hay grupos interesados en que las cosas sigan como están... sobre todo cuando esas leyes les otorgan privilegios.

El caso de los tabúes y las normas morales basados en la fe es especialmente resistente al cambio, porque, aunque inicialmente respondieran a alguna necesidad, su aceptación y persistencia se basan en la aseveración de que son cosas que agradan o desagradan a Dios, los Espíritus, los Ancestros, o cualquier otra entidad reverenciada. Y se explican por el más simple de los razonamientos circulares. No debemos hacer tal cosa porque es algo malo. ¿Y por qué es algo malo? Porque a los Dioses no les gusta ¿Y por qué a los Dioses no les gusta? Porque es malo. O a la inversa, debemos seguir las normas porque los Dioses nos favorecerán si lo hacemos. Y al que le pasa algo malo... bien, los Dioses no lo habrán encontrado digno de sus favores. Algo habrá hecho (o habrá dejado de hacer), cuando ha sido castigado.

Aún peor es cuando estas leyes y tabúes, frutos de su contexto, son extendidas más allá de las situaciones específicas que pretendían regular, para ser usadas como justificación de comportamientos que aquellos que pusieron por escrito una norma ancestral que quizá ni siquiera ellos comprendían ya del todo, jamás soñaron que pudieran existir. En estas condiciones, seguir las leyes al pie de la letra, sin saber cuál es el motivo por el que fueron promulgadas, puede llevarnos a tomar decisiones o realizar acciones que están en contra del espíritu profundo de esa misma ley.

Los pueblos paganos de la antigüedad acataban muchas reglas y tradiciones que nosotros, desde nuestra perspectiva, aún debemos esforzarnos por entender, y muchas de ellas sin duda no tendrán cabida en el mundo moderno. Estudiarlas antes de adoptarlas ciegamente, aprender a distinguir las que sí son válidas para nuesta vida actual, es la mejor forma que tenemos de mantener su espiritualidad presente entre nosotros.

miércoles, 23 de junio de 2010

La realidad de lo irreal

¿Deseáis ver los Reinos Lejanos? Muy bien. Pero primero, debéis saber: los lugares que visitaréis, los lugares que veréis, no existen. Porque solamente hay dos mundos... el vuestro, que es el mundo real, y otros mundos, que son de fantasía. Mundos como ésos existen en la imaginación de los hombres. Su realidad o falta de realidad no es importante. Lo que importa es que están ahí. Esos mundos proveen alternativas. Proveen escape. Proveen amenazas. Proveen sueños y poder. Proveen rechazo y dolor. Ellos le dan significado a vuestro mundo. No existen, y de esa manera, ellos son todo lo que importa.

Titania, reina de las hadas,
en Los Libros de la Magia, de Neil Gaiman

Estamos acostumbrados a considerar "real" al mundo externo, e "irreales" a nuestras experiencias internas. Sin embargo, todo lo que conocemos del mundo no es más que la conjunción de diferentes percepciones sensoriales que nuestro cerebro integra e interpreta. Los pensamientos, los sentimientos y las emociones son experiencias meramente internas, no observables, de cuya existencia otras personas no tienen más pruebas que nuestras palabras y acciones basadas en ellos. ¿Es más real el paisaje que veo por la ventana que la sensación que despierta en mí? Hay personas con determinados trastornos cerebrales que son incapaces de percibir algunas cosas o cualidades, o que perciben otras que los demás no. Su realidad es distinta a la de quienes le rodean, pero no por eso es menos real para ellos.

Cuando creamos algo, primero imaginamos cómo podría ser, después cómo desarrollarlo, luego podemos diseñarlo, y posteriormente realizarlo. ¿Era menos real entonces la idea que el objeto? ¿Es menos real el plano que la máquina? ¿Es menos real que el cuadro la imagen que el pintor tenía en su cabeza antes de plasmarla en el lienzo? No. Ambos son reales, sólo que en ámbitos distintos. Una semilla no es un árbol, pero puede llegar a serlo, y la semilla no es menos real que el árbol únicamente porque aguarde escondida bajo la tierra, ni comienza a ser real cuando el primer brote verde sale a la luz.
Cuando nos sentimos felices, o tristes, cuando nos enfadamos o nos enamoramos, no son experiencias menos reales porque otras personas no puedan percibir que las sentimos. Cuando soñamos, mientras estamos inmersos en el mundo onírico, éste es real para nosotros. Cuando imaginamos, cuando creamos, estamos haciendo realidad en nuestra mente cosas que no existían antes, y podemos incluso hacerlas realidad físicamente para que pasen a formar parte del mundo externo. Pero primero tienen que ser reales para nosotros.

La existencia no es una cuestión de absolutos, hay diferentes grados de realidad. Que algo no sea visible, tangible y persistente, no quiere decir que no sea real.

miércoles, 14 de abril de 2010

Muros y puertas

Todo muro es una puerta

Ralph Waldo Emerson

Algunos muros pueden ser derribados, otros pueden ser saltados, otros escalados, pasito a pasito y con mucha calma, hasta alcanzar la cima y pasar al otro lado.
A veces, sin embargo, nos encontraremos con muros tan altos que no logramos ver dónde terminan y tan gruesos que todos nuestros esfuerzos no hacen mella en sus piedras. Pero si tenemos paciencia y no les damos la espalda, si logramos no caer en la desesperación de arrojarnos contra el muro hasta despellejarnos, en el arrogante desdén de fingir que el muro no existe, ni en el conformismo de autoconvencernos de que da lo mismo porque tenemos todo lo que necesitamos a este lado... tarde o temprano encontraremos la puerta que al principio no éramos capaces de ver.
Y, mientras la buscamos, descubriremos que el muro es más que una barrera, que es, en cierta forma, una encrucijada.

A veces, lo que pensamos que nos detiene no es más que la forma que tiene la vida de decirnos que esto no consiste en quemar etapas, que esperemos un poco, que aún tenemos algo que aprender.

lunes, 12 de abril de 2010

De las advocaciones de la Madre Tierra

Cuando se habla de sincretismo, solemos olvidar que muchas de las cosas que parecen coincidencias entre diferentes panteones pueden tener un origen común, no en una cultura específica, sino en las experiencias cotidianas de distintos pueblos, que, al fin y al cabo, tienen igual capacidad de raciocinio, se desenvuelven en entornos similares y dependen para su supervivencia de las mismas cosas. Posteriormente, el contacto entre estos pueblos causaría el trasvase y ampliación de mitos y ritos, pero si eso fue posible es porque, en la base, ya existían similitudes.

La diosa madre Tierra y sus nombres o advocaciones.

La progresiva secularización de la tierra incapacita al hombre occidental de nuestro tiempo para captar el mensaje de la “tierra” en cuanto numinosa o divina, sintonizado con nitidez por los hombres de todos los continentes en el mundo arcaico. La Tierra no es una deidad conceptual como por ej., -en gran medida- Gea o Rea, otras divinidades de la “tierra” con esta palabra en su mismo nombre. La diosa madre Tierra encierra en sus entrañas el misterio de la vegetación -muerte invernal y resurgimiento primaveral-, del cultivo de los campos (diosa agraria), del hombre que viene de la tierra, vive sobre la tierra (durante el poleolítico, etc., dentro de sus entrañas, en las cavernas), y a ella retorna (fecundidad humana, creencias escatológicas).

La naturaleza analógica del conocimiento racional de la divinidad explica que unos llegaran hasta ella a partir de la tierra y de los fenómenos agrarios, desde la vegetación. No sólo fue punto de partida, sino incluso el molde conformador de sus principales atributos, festividades, etc... La divinidad concebida así recibe varias designaciones, vinculadas a otras tantas diosas madres Tierra veneradas en sus respectivas religiones, al principio sólo telúricas, más tarde también mistéricas, por ejemplo, Deméter, Terra, Tellus, Mater Magna, Isis, Cibeles, Atargatis, Semele, Bona Dea, , etc., por circunscribirme a la cuenca mediterránea. Como es obvio, el sentido religioso primario o subjetivo e interno cuajó muy pronto en concreciones objetivas tanto en el espacio (templos) como en el tiempo (fiestas) sin olvidar los mitos, los ritos y las personas consagradas temporal o vitaliciamente a su servicio.

Manuel Guerra Gómez 
El sacerdocio femenino (en las religiones greco-romanas y en el cristianismo de los primeros siglos).
Primera Parte: El sacerdocio en las religiones telúrico-mistéricas.
Cap. 1: La Diosa madre Tierra y sus sacerdotisas

jueves, 29 de octubre de 2009

Noche de muertos

El rayo centelleó e incendio los bosques. Un hombre-mono tomó a la carrera una rama ardiendo y la clavó en unas fauces de dientes afilados. El tigre aulló de dolor y escapó. El hombre-mono, con un resoplido triunfal, arrojó la rama llameante a un montón de hojas otoñales acumuladas en la caverna. Otros hombres se acercaron a calentarse las manos al fuego, riéndose de la noche donde acechaban los ojos amarillos de las bestias, atemorizadas.

–¿Veis, muchachos? –Las llamas se reflejaban, inquietas, en el rostro de Mortajosario.– Los días del Largo Frío han concluido. Gracias a este valiente, a este hombre que piensa por primera vez, el estío habita en la caverna del invierno.

–Pero –dijo Tom– ¿qué tiene que ver esto con el Día de los Muertos?

–¿Qué tiene que ver? Bueno, por mis huesos, todo. Cuando tú y tus amigos os morís todos los días, no hay tiempo para pensar en la Muerte ¿verdad? Sólo tiempo para correr. Pero cuando ya por último dejáis de correr... -Tocó los muros.

Los hombres-monos quedaron paralizados en mitad de un movimiento.

–...ahora tenéis tiempo de pensar de dónde venís, adonde vais. Y el fuego alumbra el camino, muchachos. El fuego y el relámpago. Los luceros que brillan al alba. Un fuego protector en vuestra propia caverna. Sólo a la luz de las hogueras nocturnas pudo por fin el cavernícola, el hombre-bestia, ensartar pensamientos en una vara y ponerlos al fuego aderezándolos con un zumo de inquietud. El sol moría en el cielo. El invierno llegaba como una gran bestia blanca, sacudiendo la pelambre, y enterraba al sol. ¿Regresaría alguna vez la primavera?

¿Renacería el sol con el nuevo año o seguiría muerto? Los egipcios se lo preguntaron. Los cavernícolas se lo preguntaron un millón de años antes. ¿Saldrá el sol mañana cuando amanezca?

–¿Y es ese el origen de la Noche de las Brujas?

–Esas largas meditaciones nocturnas, muchachos. Y siempre allí, en el centro, el fuego. El sol. El sol sucumbiendo para siempre bajo el cielo frío, aterrorizando al hombre primitivo. Aquella era la Gran Muerte. Si el sol desaparecía para siempre, entonces ¿qué?

Y a mediados del otoño, mientras todo moría, los hombres-monos se agitaban en sueños, recordaban a los muertos del año anterior. Los espectros llamaban desde dentro de las cabezas. Recuerdos, eso son los espectros, pero los hombres-monos no lo sabían. Detrás de los párpados, en las horas tardías de la noche, aparecían los espectros de la memoria, saludaban, bailaban, y entonces los hombres-monos despertaban, echaban ramitas al fuego, lloraban, se estremecían. Podían ahuyentar a los lobos, pero no a los recuerdos, no a los fantasmas. Entonces se acurrucaban, rezaban pidiendo que llegase la primavera, vigilaban el fuego, agradecían a dioses invisibles las cosechas de frutos y bayas.

¡Noche de Brujas, en verdad! Hace un millón de años, en el otoño, en una caverna, con las cabezas pobladas de fantasmas, y el sol perdido.

Ray Bradbury, El árbol de las brujas


Todos tenemos fantasmas en la mente, temores personales en los que no solemos pensar durante el día, pero que a veces nos asaltan en la oscuridad. Miedos que tratamos de erradicar de nuestras vidas, de olvidarlos, borrarlos como si fuesen meras pesadillas que se evaporan con la luz de la mañana.
Huimos de nuestros temores, y así se vuelven más ominosos. Tratamos de no pensar en nada malo, de "no comernos el coco", llenando cada minuto con luces, colores, música, imágenes en movimiento, compañía o multitud, tareas, actividades. Huimos de la calma y del interior de nuestra propia mente, porque tememos lo que puede aguardarnos allí. Y mientras más nos empeñamos en negar lo desagradable, más miedo nos produce el recordar, de repente, su existencia.

Porque la vida es así. El dolor existe, la muerte llega, los accidentes ocurren, las cosas malan pasan, sin más. Y no podemos evitarlo todo. Podemos protegernos, pero nunca podremos estar totalmente a salvo. Y cuando algo malo se acerca, o cuando se ha instalado en nuestra vida, negar su existencia, como niños que cierran los ojos pensando que así nadie les verá, no sirve de nada.
Creemos que no pensar en las cosas que nos asustan las alejará de nosotros, cuando lo único que conseguimos es no estar preparados para el día en que, indefectiblemente, llegarán.

Los pueblos antiguos lo sabían. Temían, a grandes rasgos, las mismas cosas que hoy tememos nosotros: la enfermedad, el hambre, la guerra, los desastres naturales, el frío, el dolor, la muerte... pero ellos sabían que todas esas cosas formaban parte de la vida. Hacían plegarias para que se mantuvieran lejos, pero sabían que vivían bajo su sombra y que tarde o temprano tendrían que enfrentarlos.

Tomemos un momento en esta fiesta de Samhain para reflexionar sobre nuestros temores. Para tomar conciencia y asumir que siempre habrá cosas que no podremos controlar. Para tratar de conocer la oscuridad y de convertir el miedo irracional en prudente respeto. Para recordarnos que el sol siempre vuelve a salir, pero para ver la luz primero hay que atravesar la noche.

lunes, 12 de octubre de 2009

La historia de los árboles

El hombre pone piedra sobre piedra y hace un castillo; siembra en la tierra y hace un bosque. Elija cada uno lo que prefiera, pero el más pequeño bosque será siempre mayor que el castillo más grande. Aunque no tenga más historia que la de sus árboles.

José Saramago, Viaje a Portugal
(citado en La Memoria del Bosque, de Ignacio Abellá)

La historia de los árboles dice tanto como la de las piedras.
Están ahí, unos y otras, testigos del pasado a los que, a veces, podemos convencer para que nos susurren algo de lo que han visto suceder. Mientras permanezcan en pie estaremos conectados por un hilo casi intangible a quienes nos precedieron y andaron los mismos caminos que tratamos de recorrer hoy.
Pero las piedras se derrumban y los árboles se talan. Y aunque la piedra perdida aún pueda contarnos sobre quién la talló, un árbol una vez caído desaparece para la memoria, y todos perdemos, con él, un poco de nuestro pasado.

miércoles, 7 de octubre de 2009

Tempus Fugit

Existe una cosa muy misteriosa, pero muy cotidiana. Todo el mundo participa de ella, todo el mundo la conoce, pero muy pocos se paran a pensar en ella. Casi todos se limitan a tomarla como viene, sin hacer preguntas. Esta cosa es el tiempo.

Hay calendarios y relojes para medirlo, pero eso significa poco, pues todos sabemos que, a veces, una hora puede parecernos una eternidad, y otra, en cambio, pasa en un instante; depende de lo que hagamos durante esa hora.

Porque el tiempo es vida. Y la vida reside en el corazón.

Michael Ende, Momo

Wen reflexionó sobre la naturaleza del tiempo y entendió que el universo se recrea de nuevo, instante tras instante. Por tanto, comprendió que en verdad no existe el pasado, únicamente un recuerdo del pasado. Cuando se parpadea, el mundo que se ve al abrir los ojos no existía al cerrarlos. Por tanto, dijo él, el único estado apropiado en la mente es la sorpresa. El único estado apropiado en el corazón es el gozo. El cielo que estás viendo ahora nunca lo habías visto antes. El momento perfecto es ahora. Alégrate de ello.

Terry Pratchett, Ladrón del Tiempo


Cada segundo es un regalo, cada día una bendición. A cada cual corresponde decidir qué hacer con su tiempo, pero vale la pena recordar que la flor horaria que en este momento se marchita no volverá a florecer.

miércoles, 8 de julio de 2009

Granos de arena

Si tienes tu mano abierta con la arena del desierto, cogerás muchos granos;
si cierras el puño para poseerla, casi toda resbalará entre tus dedos.


Proverbio árabe

Estamos tan inmersos en la mentalidad occidental moderna, que muchas veces consideramos que la posesión es el máximo al que se puede aspirar: en el trabajo, en el ocio, en la amistad, en el amor... nos parece que no tenemos todo lo que deberíamos tener, no basta con lo que nos dan, o con lo que podemos disfrutar en el momento. Deseamos controlar, poseer, tener la seguridad de que las cosas estarán siempre ahí, a nuestra disposición, cuando a nosotros se nos antoje. Y nos abruma la ansiedad de que algo pueda escaparse, o que justo cuando lo deseamos no esté a nuestro alcance y debamos esperar.

Pero hay muchas cosas que no se pueden poseer, que al tratar de encerrarlas en nuestras expectativas dejan de ser lo que son, y nos encontramos atrapando reflejos, y, lo que es peor, prefiriendo una pálida sombra en nuestro poder que lo auténtico en libertad.

Porque hay algo mucho más intenso, más completo, más perfecto que poseer algo, y es saborearlo en el momento oportuno... aunque sepamos que puede ser la única vez. O precisamente por eso.

lunes, 1 de junio de 2009

El filo de las cosas

Le gustara o no, las brujas se sienten atraídas hacia el filo de las cosas, allí donde chocan dos estados. Sienten la llamada de las puertas, las circunferencias, los límites, las cancelas, los espejos, las máscaras...
... y los escenarios.


Terry Pratchett, Mascarada

Quizá porque los límites y los umbrales pertenecen en sí mismos a la esencia de la brujería. Las máscaras, los espejos, las sombras, las orillas... son considerados poderosos símbolos desde la antigüedad. Un círculo mágico es "un lugar que no es un lugar". La magia es cambio, y el punto en que una cosa se transforma en otra es, por tanto, esencialmente mágico. Al fin y al cabo, las brujas no se identifican con el brillante y poderoso sol, sino con la siempre variable luna.

Pero probablemente sea aún más cierto en la actualidad. A aquellos que tratamos de vivir una espiritualidad basada en la naturaleza, la sociedad moderna nos obliga a vivir, en cierta manera, siempre en un limbo indeterminado entre una visión del mundo eminentemente práctica, materialista, prosaica, y otra íntima, emocional y trascendente. La manera en que cada uno alterna o simultanea ambas visiones es más reveladora en cuanto al camino que hemos elegido que la tradición a la que decidamos adscribirnos.

miércoles, 20 de mayo de 2009

[Mitología] El Camino y Temes Savsap

Pero es Janet Bord quien nos brinda una excelente ilustración etnológica procedente de las Nuevas Hébridas, del suroeste de la isla Malekula, donde se traza un dibujo en el suelo llamado El Camino, equivalente a la figura hecha en la arena por el «espíritu guardían femenino». Todos los espectros de los fallecidos viajan a la tierra de la muerte, y allí se encuentran con el espíritu guardián. En cierto momento de su marcha, llegan a una roca situada en el mar, detrás de la cual se halla el espacio arbolado, rodeado por una cerca, donde está su destino último. En la roca se acomoda el «espíritu guardían femenino» llamado Temes Savsap, y delante, trazada en el suelo, se ve la figura geométrica conocida como Nahal, «el camino». El espectro del difunto debe atravesar una senda ubicada entre las dos mitades de la figura. Pero a medida que avanza en su travesía, el «espíritu guardían femenino» se apresura a borrar una parte del dibujo. El difunto vuelve atrás, pierde el rastro y no lo puede encontrar. Intenta, desesperado, buscar un paso hacia el otro lado de la roca, pero todo es inútil, sólo el conocimiento de la figura geométrica completa le permitiría seguir adelante. Si la conoce, si la recuerda, si la reconstruye adecuadamente, entonces completa la mitad que ha borrado, Temes Savsap y atraviesa el sendero intermedio. Pero si, por el contrario, no logra restablecer la imagen, entonces el guardián femenino lo devora y nunca llega a la morada de los muertos.

Janet Bord, Mazes and Labyrinths of the World,
citado en Los laberintos de la Antigüedad, de Miguel Rivera Dorado

Hay leyendas y mitos que resultan particularmente evocadores. Supongo que son distintos para cada persona, pero todos encontramos alguna vez una historia, una imagen, que resuena en nuestro interior y nos muestra algo que no sabíamos o creíamos olvidado, pero que sin embargo nos parece extrañamente personal, como un mensaje en una botella que resultase llevar nuestro nombre. Temes Savsap y el Nahal me hacen pensar en cuántas veces es necesario llevar el camino con nosotros para poder encontrarlo.

miércoles, 13 de mayo de 2009

Hierofanías

El occidental moderno experimenta cierto malestar ante ciertas formas de manifestación de lo sagrado: le cuesta trabajo aceptar que, para determinados seres humanos, lo sagrado pueda manifestarse en las piedras o en los árboles. Pues, como se verá en seguida, no se trata de la veneración de una piedra o de un árbol por si mismos. La piedra sagrada, el árbol sagrado no son adorados en cuanto tales; lo son precisamente por el hecho de ser hierofanías, por el hecho de «mostrar» algo que ya no es ni piedra ni árbol, sino lo sagrado,

Nunca se insistirá lo bastante sobre la paradoja que constituye toda hierofanía, incluso la más elemental. Al manifestar lo sagrado, un objeto cualquiera se convierte en otra cosa sin dejar de ser él mismo, pues continúa participando del medio cósmico circundante. Una piedra sagrada sigue siendo una piedra; aparentemente (con más exactitud: desde un punto de vista profano) nada la distingue de las demás piedras. Para quienes aquella piedra se revela como sagrada, su realidad inmediata se transmuta, por el contrario, en realidad sobrenatural. En otros términos: para aquellos que tienen una experiencia religiosa, la Naturaleza en su totalidad es susceptible de revelarse como sacralidad cósmica. El Cosmos en su totalidad puede convertirse en una hierofanía.

Mircea Eliade, Lo sagrado y lo profano
Introducción. Cuando se manifiesta lo sagrado

En nuestra cultura occidental, desde hace ya unos cuantos siglos, tendemos a considerarnos "los más avanzados", a defender el progreso y la modernidad, y a tachar de ignorantes, atrasados o supersticiosos a aquellos que conservan unas tradiciones que nos recuerdan a las de nuestros propios antepasados. Creemos que la experiencia de lo sagrado es algo superado, o en todo caso, una muestra de incultura que nos produce un poco de vergüenza ajena.

Y lo peor es que, cuando se produce una reacción contraria a esta forma "moderna" de ver las cosas, se acaba cayendo en un intento de reproducir las antiguas costumbres, pero sin asumir el cambio de mentalidad necesario, tratando de encajar con calzador esas creencias en nuestra forma de vivir y nuestra actividad diaria, como si fuera una actividad de ocio o un entrenamiento deportivo, que podemos sumar a nuestra rutina.
Pero no es cuestión de hacer un pequeño hueco a lo sagrado en nuestra vida, sino de percibir su realidad, de abrirnos a ello y convertir la vida en una experiencia de lo sagrado.

lunes, 27 de abril de 2009

[Simbología] Laberintos

Símbolo. El laberinto simboliza la inmortalidad. Simboliza el tortuoso camino, el engañoso e imprevisible camino, que nos conduce después d ela muerte a esa otra necesaria dimensión de la existencia. Claro que el símbolo se ha utilizado de muchas maneras, a veces para indicar simplemente la dificultad material o espiritual para llegar a algún punto particular. En las religiones antiguas aquí tratadas tiene el valor de la iniciación y de la vida. Es un símbolo complicado, porque encierra y vincula entre sí numerosos significados relativos al camino, a la incertidumbre, al misterio, a la sabiduría, al orden del cosmos, a la naturaleza humana, al destino y al tiempo.

Miguel Rivera Dorado, Los laberintos de la Antigüedad
Apéndice: Guía para recorrer el laberinto

Pocas veces un símbolo representa lo mismo para todo el mundo, pero pocas son también las imágenes simbólicas tan preñadas de significado, tan presentes en todas las culturas y mitologías, como los laberintos.

Su figura puede representar la duda y el extravío al mismo tiempo que el camino y la búsqueda. El misterio, el peligro y el triunfo. El poder del héroe y su debilidad. El sendero interior y la necesidad de guía. La vida y la muerte. El alma humana y el cosmos infinito. Y todos estos significados se multiplican por mil cuando atendemos además a los diferentes tipos de laberintos, y de lugares identificados con ellos, a lo largo de la historia.

¿Qué tesoros guarda?¿Qué monstruo aterrador protege su centro? ¿Qué secretos oculta, y qué revelaciones? La única forma de saberlo es adentrarse en sus bifurcados senderos, y descubrirlo (con los pasos, con los ojos, con la mente, con el tiempo...) por nosotros mismos.

miércoles, 22 de abril de 2009

Un deber sagrado

Estamos en un momento crítico de la historia de la Tierra, en el cual la humanidad debe elegir su futuro. A medida que el mundo se vuelve cada vez más interdependiente y frágil, el futuro depara, a la vez, grandes riesgos y grandes promesas. Para seguir adelante, debemos reconocer que en medio de la magnífica diversidad de culturas y formas de vida, somos una sola familia humana y una sola comunidad terrestre con un destino común. Debemos unirnos para crear una sociedad global sostenible fundada en el respeto hacia la naturaleza, los derechos humanos universales, la justicia económica y una cultura de paz. En torno a este fin, es imperativo que nosotros, los pueblos de la Tierra, declaremos nuestra responsabilidad unos hacia otros, hacia la gran comunidad de la vida y hacia las generaciones futuras.

La Tierra, nuestro hogar

La humanidad es parte de un vasto universo evolutivo. La Tierra, nuestro hogar, está viva con una comunidad singular de vida. Las fuerzas de la naturaleza promueven a que la existencia sea una aventura exigente e incierta, pero la Tierra ha brindado las condiciones esenciales para la evolución de la vida. La capacidad de recuperación de la comunidad de vida y el bienestar de la humanidad dependen de la preservación de una biosfera saludable, con todos sus sistemas ecológicos, una rica variedad de plantas y animales, tierras fértiles, aguas puras y aire limpio. El medio ambiente global, con sus recursos finitos, es una preocupación común para todos los pueblos. La protección de la vitalidad, la diversidad y la belleza de la Tierra es un deber sagrado.

Del Preámbulo de la Carta de la Tierra

Ojalá las palabras lleguen a ser algo más que palabras y, algún día, uno a uno (porque la toma de conciencia personal es más profunda y auténtica que el adoctrinamiento), los hombres descubran que la vida, la vida de todo y de todos, está por encima de sus diferencias y sus mezquinas rencillas. Uno a uno, cada cual como puede, vamos sumando esfuerzos para que llegue ese día.

¡Feliz Día de la Tierra!


Más información:
Carta de la Tierra completa en español (en pdf)
Artículo sobre la Carta de la Tierra en la Wikipedia

lunes, 12 de enero de 2009

Ante la puerta

Quédate ante la puerta si quieres que te la abran. No dejes el camino si quieres que te guíen. Nada está nunca cerrado sino a tus propios ojos.

Farid al-din Attar
Es fácil abandonar el camino, sobre todo cuando tenemos la sensación de que llevamos en él demasiado tiempo y la ansiada meta no aparece. Es fácil cansarse de esperar y dar media vuelta, hacia otros menesteres menos fatigosos, menos exigentes.

Lo complicado es permanecer en el empeño, seguir avanzando, hasta llegar a comprender que la meta ni siquiera existe, que el camino tiene sentido por sí mismo, y la puerta que creíamos que nos cerraba el paso es un umbral abierto, que sólo requiere de valor y compromiso para ser cruzado.

Sin esperar que nadie nos abra la puerta, que nadie aparezca mágicamente con un plano que nos guíe, simplemente tomando nosotros mismos las riendas de nuestra vida, siguiendo la senda, eligiendo la bifurcación a tomar en cada encrucijada, atreviéndonos a abrir la puerta con nuestras propias manos, y, una vez al otro lado... a seguir adelante.