miércoles, 24 de diciembre de 2008

Releyendo

Todos cambiamos.

A veces nos damos cuenta, y a veces creemos que no, que seguimos siendo los mismos. Solemos ser conscientes de los grandes cambios, los acontecimientos que alteran el rumbo de nuestra vida: aprendizajes, viajes, traslados, nuevos amigos, nuevas parejas, decisiones irrevocables... pero también solemos olvidarnos de los pequeños acontecimientos, del peso de los días, uno a uno, en nuestra espalda, de lo que vimos casualmente al pasar, de las conversaciones con las mismas personas de siempre, del trabajo cotidiano y el ocio habitual. No sólo los grandes sucesos alteran el curso de nuestra vida, también lo hace la acumulación de pequeñas cosas, y el mismo tiempo al pasar.

En cambio, los libros son lo que son. Una vez impresos, y hasta que el papel se caiga a trozos, las palabras serán siempre las mismas, la historia no cambiará. Pero, sin embargo, cada lectura es una experiencia diferente. Porque el libro es el mismo, pero nosotros no.

No hablo sólo de cuándo leíamos de pequeños una historia que no podíamos entender completamente por falta de vocabulario o de experiencias que le dieran sentido. Incluso un libro que recordamos perfectamente cambia frente a nuestros ojos al releerlo por segunda o tercera vez. Porque ya sabemos lo que nos espera y podemos centrarnos en otras cosas, en la forma en que fue escrito o en los guiños del autor, pero también porque no estaremos nunca en la misma disposición y estado de ánimo que la primera vez, porque no seremos la misma persona que lo leyó entonces.

Todo libro, cualquier libro, puede leerse de mil maneras, mirarse desde mil puntos de vista. Y muchos de ellos no los conoceremos hasta que hayamos aprendido ciertas cosas y vivido ciertas situaciones. Por eso cualquier libro puede enseñarnos cosas nuevas incluso aunque creamos conocer lo que guarda en su interior. 

Por eso vale la pena releer, retomar historias de las que en su día aprendimos y ver qué más podemos aprender de ellas siendo quienes somos ahora. Porque los libros son como el río de Heráclito. No podemos cruzarlos dos veces.

6 comentarios:

Ana dijo...

Mi maestra de literatura no decía eso: un libro puede ser interpretado de muchas formas, según el lector, según las circunstancias, inclusive después de revisar mil veces un libro, se siguen encontrando nuevos significados.
Yo personalmente, me encuentro leyendo por segunda vez "La guerra de las brujas", leí la trilogía por primera vez el año pasado, y ahora estoy descubrindo en la historia, mensajes y detalles que no había notado, cuando lo leí por primera vez no me enamoré de la historia, pero ahora la estoy apreciando mejor.

El Señor Rata dijo...

No estoy de acuerdo: esos libros te forjaron y el recuerdo que tienes sobre ellos, aunque sean ya un mero concepto o sólo seas capaz de citar 2 situaciones, es suficiente. Hay taaaanto por leer, investigar y descubrir que no creo que merezca la pena sumergirse otra vez en la piscina de las experiencias pasadas.

Y eso sin llegar al escabroso asunto del chasco de la relectura en según qué ocasiones.

Oye, te añado a mis feeds. Bonito lugar :)

Juan Antonio dijo...

El símil con el río de Heráclito me ha impresionado. El cambio, el movimiento, es uno de los rostros de la vida. Y los libros están vivos cuando caen en nuestras manos.

Es verdad, el reencuentro con un libro que forma parte de nuestro pasado es siempre misterioso y revelador. Es como si él supiera cosas de nosotros que nosotros mismos ignoramos.

Preciosa entrada, querida amiga. Como siempre, me adormezco en tu regazo. Es grato estar así de cuando en cuando. ¿Releemos juntos un viejo libro?

Besos.

Sibila dijo...

Ana, así es... porque los significados están en nuestros ojos más que en las palabras.

Bienvenido, Señor Rata.
Comprendo su puto de vista... ¡hay tanto y tanto por leer y descubrir! pero creo que también vale la pena, si no sumergirse en la piscina, sí refrescarse los pies, también se pueden descubrir cosas nuevas donde creíamos que ya conocíamos el camino.
Me alegra que le guste mi blog, está invitado a pasarse por aquí siempre que lo desee.

Juan Antonio, y yo que creía que era un símil tan trillado...
Hay libros que son como viejos amigos, de ésos que nos dan nostalgia y esperanza a partes iguales.
Por supuesto que podemos releer juntos, quizá algún libro de poemas entre la luz y la sombra. :D

Wuwei dijo...

Estoy totalmente de acuerdo. Creo que ciertos libros merece la pena volverlos a leer una y otra vez. Hay libros que he releído cuatro o cinco veces y cada nueva lectura me ha aportado cosas nuevas.
Como bien dices, todo cambia. Instante a instante renacemos. La impermanecia y la potencialidad son nuestras características más visibles. En ese sentido, aunque el libro no varía, nunca es la misma persona la que lo lee dos veces, y por lo tanto no ve las mismas cosas.
Y esto también es aplicable al cine. Recuerdo una película en particular: "Rojo" de Kieslowski. La primera vez que vi este film me dije: "no está mal"; la segunda vez comenté: "está bien"; la tercera me maravillé de las cosas que las dos primeras veces no había percibido y pensé: "está realmente bien": la cuarta vez pasé toda la película con la carne de gallina, me dije: "es una maravilla"...
Desde luego esto no me sucede con todas las películas ni con todos los libros, sino únicamente con una minoría. Hay libros inagotables como el Tao Te King, poesías que aunque las leas mil veces te llegan cada vez más... y también hay textos infumables que no llego a terminar.
En cualquier caso el libro y el lector no son dos realidades separadas, sino una misma y única realidad. Cuando el lector evoluciona el libro revela cosas nuevas. El libro enriquece a la persona y a la vez la persona enriquecida extrae cada vez más "jugo" del libro...
Todo cambia y evoluciona como el río de Heráclito. Todo salvo Una cosa. :o)

Me ha encantado leerte. Es un verdadero placer.

Juan Antonio dijo...

Me ha impresionado que lo relacionaras con los libros. Muy bueno.

Releamos. ¿Poesía? Bueno. También algún relato, incluso algún texto humorístico de Mark Twain. "El hombre que corrompió a una ciudad", si puede ser. O Poe. Lo que gustes.

Gracias, primor.