miércoles, 22 de abril de 2009

Un deber sagrado

Estamos en un momento crítico de la historia de la Tierra, en el cual la humanidad debe elegir su futuro. A medida que el mundo se vuelve cada vez más interdependiente y frágil, el futuro depara, a la vez, grandes riesgos y grandes promesas. Para seguir adelante, debemos reconocer que en medio de la magnífica diversidad de culturas y formas de vida, somos una sola familia humana y una sola comunidad terrestre con un destino común. Debemos unirnos para crear una sociedad global sostenible fundada en el respeto hacia la naturaleza, los derechos humanos universales, la justicia económica y una cultura de paz. En torno a este fin, es imperativo que nosotros, los pueblos de la Tierra, declaremos nuestra responsabilidad unos hacia otros, hacia la gran comunidad de la vida y hacia las generaciones futuras.

La Tierra, nuestro hogar

La humanidad es parte de un vasto universo evolutivo. La Tierra, nuestro hogar, está viva con una comunidad singular de vida. Las fuerzas de la naturaleza promueven a que la existencia sea una aventura exigente e incierta, pero la Tierra ha brindado las condiciones esenciales para la evolución de la vida. La capacidad de recuperación de la comunidad de vida y el bienestar de la humanidad dependen de la preservación de una biosfera saludable, con todos sus sistemas ecológicos, una rica variedad de plantas y animales, tierras fértiles, aguas puras y aire limpio. El medio ambiente global, con sus recursos finitos, es una preocupación común para todos los pueblos. La protección de la vitalidad, la diversidad y la belleza de la Tierra es un deber sagrado.

Del Preámbulo de la Carta de la Tierra

Ojalá las palabras lleguen a ser algo más que palabras y, algún día, uno a uno (porque la toma de conciencia personal es más profunda y auténtica que el adoctrinamiento), los hombres descubran que la vida, la vida de todo y de todos, está por encima de sus diferencias y sus mezquinas rencillas. Uno a uno, cada cual como puede, vamos sumando esfuerzos para que llegue ese día.

¡Feliz Día de la Tierra!


Más información:
Carta de la Tierra completa en español (en pdf)
Artículo sobre la Carta de la Tierra en la Wikipedia

lunes, 20 de abril de 2009

Observando

Dice la física cuántica que el mero hecho de observar algo cambia lo observado. Sin embargo, a nivel macroscópico, lo innegable es que la observación cambia al observador.

Porque observar es algo más que ver, implica comprender lo que vemos e integrarlo en nuestra imagen general del mundo. Aunque la mayoría de las veces no seamos del todo conscientes de que este proceso tiene lugar en nuestro interior, se produce a cada instante. Y a veces, cuando nuestra imagen de cómo son o deberían ser las cosas no encaja con lo que percibimos, esa imagen cambia: ya sea de manera imperceptible, progresiva, o incluso radicalmente (desde la raíz).

Ésta es la vista desde mi ventana, la primera mañana que desperté en esta casa:

Unas semanas después, le escribía esto a una amiga:
No tengo demasiado que hacer aparte de ordenar y mirar por la ventana, así que he estado viendo cómo trabajan el campo.[...]
Sabía algo acerca del proceso que conlleva una huerta, pero ahora me doy cuenta de lo largo y laborioso que es obtener una cosecha. No es sólo cuestión de plantar las semillas… primero hay que preparar la tierra para que pueda recibirlas, arrancar los matojos que se han adueñado del terreno mientras estaba en barbecho, no para desecharlos, sino para darles otra función, y remover la tierra para las nuevas plantas puedan arraigar. Quemar los rastrojos, arar la tierra para que se oxigene, y dejar que la lluvia la nutra… todos los elementos trabajando en armonía incluso antes del nacimiento del primer brote.
Ahora me doy cuenta de cuánto trabajo es necesario antes de la siembra[...] Si quiero flores y frutos, primero tengo que arar surcos en los que puedan nacer. Será un trabajo pesado, pero es necesario para que la cosecha no se malogre.
Mirar nos enseña, observar nos cambia, porque lo que percibe la mente va más allá de lo que ven los ojos.
El mero hecho de observar puede respondernos a preguntas que ni siquiera habíamos formulado.

viernes, 17 de abril de 2009

[En otras palabras] Final

Acaba el tiempo de la espera.
Ya he labrado y he sembrado. He dejado esta tierra empaparse de lluvia y colmarse de la luz del sol. Ahora llega el momento de que lo plantado fructifique y se abran las flores, el momento de compartir lo aprendido en estos meses. Ojalá sea capaz de tejerlo en palabras.

Gracias por vuestra paciencia, y bienvenidos de nuevo.

FINAL

Vuelvo de andar, a solas, por la orilla de un río.
Estoy lleno de músicas, como un árbol al viento.
He dejado correr mi pensamiento
viendo, en el agua, el paso de una nube de estío...

Traigo tejido al alma el olor de una rosa.
En lo blando del césped, puse, al andar, mi huella...
He vivido, ¡he vivido!... Y voy, como la estrella
a perderte en el mar de un alba silenciosa.

Jaime Torres Bodet

sábado, 11 de abril de 2009

[Yo y mis circunstancias] A la espera

Frente a mi ventana, los surcos se han vestido de hojas verdes. El sol y la llovizna se alternan varias veces al día. Más allá de las calles, el trigo empieza a madurar y el viento lo agita en ondas verdes y doradas que llenan los ojos de luz.
Yo sigo mirando por la ventana, leyendo y reflexionando. Aprendiendo sobre cosas que ya sabía y sobre otras en las que nunca pensé.
Junto a mi puerta hay un rosal que aún no ha florecido. A veces me acerco a mirarlo, y me pregunto de qué color serán las flores cuando se abran. Y pienso que esa pregunta es un regalo en sí misma.

No olvido. Sólo espero.


Espero poder volver para contaros el final de la historia, cuando florezcan las rosas.

viernes, 27 de febrero de 2009

Labranza




Parece que las cosas van más lentas incluso de lo que me había imaginado. Lamento este parón tan largo, pero a veces el ritmo de los acontecimientos no depende de nosotros.

Mientras tanto, hay mucho en que pensar, mucho que preparar, para que los nuevos proyectos puedan ser sembrados. Para poder cosechar los frutos, es preciso primero arar la tierra.

Volveré en cuanto las circunstancias me lo permitan. Hasta entonces, seguiré preparando el terreno en el que arraigarán nuevas palabras.

Foto tomada desde la ventana de mi nueva casa, el 24/02/2009.  Hay mucho que mirar.

viernes, 23 de enero de 2009

En otras palabras [Soneto LXXV - Ésta era la casa, el mar y la bandera...]

Me espera una casa vacía, luminosa y fría, para que la llene, poco a poco, de esas cosas que he esparcido ya por tantos sitios. De libros y de cariño, de risas y de música.
Me esperan una casa vacía, y una ladera verde, y semanas de trabajo por delante.

SONETO LXXV

Ésta es la casa, el mar y la bandera.
Errábamos por otros largos muros.
No hallábamos la puerta ni el sonido
desde la ausencia, como desde muertos.

Y al fin la casa abre su silencio,
entramos a pisar el abandono,
las ratas muertas, el adiós vacío,
el agua que lloró en las cañerías.

Lloró, lloró la casa noche y día,
gimió con las arañas, entreabierta,
se desgranó desde sus ojos negros,

y ahora de pronto la volvemos viva,
la poblamos y no nos reconoce:
tiene que florecer, y no se acuerda.

Pablo Neruda

Empiezo en unos días una mudanza larga, trabajosa, y, como todas las anteriores, temporal. No puedo prometeros volver pronto, pero sí que volveré. Cuando Telefónica haga su trabajo, eso sí.
Yo mientras, tengo que dedicarme al mío... y tengo centenares de libros por empaquetar.

Hasta entonces, espero veros por aquí a la vuelta. ;)

miércoles, 21 de enero de 2009

Sobre las vestales (II): Obligaciones y privilegios

¿Qué tareas se llevaban a cabo en el templo de Vesta?
Custodiar la llama sagrada era lo más importante, desde luego, pero las funciones de las vestales iban mucho más allá. Indudablemente no se mantenían encerradas y ocultas, dedicadas en exclusiva al servicio de la Diosa, sino que también se encargaban de otras actividades, más sociales que religiosas.
La tarea más importante de la vestal era la de mantener la llama sagrada en el altar de la Diosa Vesta, garantía de la seguridad y el bienestar del Estado. La ancestral superstición romana les llevaba a pensar que si el fuego se apagaba se producirían enormes desgracias, por lo que, si esto ocurría, era rápidamente encendido de nuevo y la vestal duramente castigada mediante la flagelación o el apaleamiento. Además de esta función primera, las vestales tenían otras competencias, como la preparación de la mola salsa o harina salada utilizada como ofrenda en varias festividades del calendario romano. Asimismo se encargaban de la purificación de la tierra del templo, para lo que sólo podían utilizar el agua del manantial de Egeria, considerado sagrado, transportada en una vasija especial llamada futile. También debían velar y proteger el resto de objetos sagrados depositados en el templo de Vesta, como una imagen de Palas Minerva de cuya integridad dependía la continuidad del Imperio, el alfiler de la madre de los dioses, las cenizas de Orestes, el cetro de Príamo, etc, además del testamento y otros documentos de los personajes más relevantes política y socialmente en la ciudad.

La dejación en sus obligaciones solía comportar la expulsión y el castigo inmediato de la vestal. Otro de los motivos de punición era el incumplimiento del voto de castidad realizado por la virgen al entrar en la Casa, penado incluso con la muerte.
Sus grandes responsabilidades iban acompañadas de un gran prestigio, no sólo por respeto a la Diosa, sino también como reconocimiento del valor para el Imperio de la labor que realizaban, ligada a la suerte de Roma desde los primeros tiempos. Y ese prestigio se traslucía en un respeto y unas ventajas de las que muy pocas mujeres de esa época y lugar podían disfrutar.
Todas estas sujeciones y obligaciones que tenían las vestales encontraban su recompensa en el alto rango social de que disfrutaban, con una serie de privilegios exclusivos de ellas y otros propios de los varones. Entre esos privilegio podrían destacarse los siguientes: en los juicios, su testimonio tenía validez por sí mismo; si una vestal se cruzaba con un condenado a muerte de manera fortuita, éste era eximido de su castigo; en virtud de la ley Horacia, eran las únicas mujeres que podían testar desde los primeros momentos de la Monarquía; ocupaban sitios preferenciales en los juegos y actos públicos y su veredicto era decisivo en la salvación o condena de los gladiadores caídos; siempre iban escoltadas por lictores en sus salidas públicas, cediéndoles los magistrados el paso, etc.
Las vestales fueron honradas y respetadas en Roma desde antes de que a partir de la ciudad se forjara un imperio, y la llama sagrada de Vesta ardió a través de los siglos, reverenciada por todos los ciudadanos, hasta que, en un decreto del año 390, el emperador Teodosio I, llamado "el Grande" prohibió los cultos paganos públicos.
La llama fue apagada y el templo abandonado. Y poco después el Imperio Romano se dividió definitivamente. Teodosio fue el último emperador que gobernó sobre un Imperio unificado.

Quizá fue casualidad, quizá ambas cosas tienen una raíz común en los acontecimientos que en esa época se sucedían... o quizá es que todos los pueblos necesitan de alguien que mantenga encendida la llama de la esperanza y les haga sentir que su nación es también su hogar.


Textos extraídos del artículo:
Las vestales, guardianas del fuego sagrado de Roma, firmado por S. C.
Publicado en la revista Memoria: La Historia de cerca, nº XIII, Noviembre de 2008

Más información:
Las Vírgenes Vestales en Imperivm.org