Hay muchos lugares, objetos y personas que vemos todos los días. Recorremos las mismas calles, utilizamos los mismos objetos, nos cruzamos con las mismas personas, vecinas, desconocidas, o ambas cosas, cuyos horarios coinciden con los nuestros. Y pasamos de largo casi sin verlos, acaban por volverse invisibles, de tan familiares.
Dejamos de prestarles atención a las cosas conocidas, entendidas, etiquetadas. Ya son rutinarias, corrientes, triviales. Buscamos otras cosas, cosas que nos sorprendan, que nos llamen la atención, que nos hagan sentir la emoción del descubrimiento.
Y sin embargo esa emoción puede encontrarse también en las pequeñas cosas cotidianas. Sólo tenemos que cambiar la perspectiva, mirarlas de nuevo como si fuera la primera vez.
Levantar la vista para ver las ventanas, los balcones, y los tejados, las macetas de flores y las copas de los árboles cuyos troncos nos bloquean el camino al pasar deprisa por la acera.
Tratar de hacer las cosas de siempre con distintas herramientas, o sin ellas, para aprender a apreciar el trabajo que nos ahorran. Observar la forma del más vulgar de los objetos, sabiendo que es el producto final de un proceso de diseño que, en algunos casos, ha llevado cientos de años perfeccionar.
Mirar a la gente de verdad, conscientemente: sus caras, sus manos, su forma de caminar o de moverse. Preguntarte, por una vez, quiénes son, cómo son sus vidas, qué pasará por sus pensamientos.
Las más curiosas enseñanzas de la vida no están sólo en las cosas llamativas... también aparecen en las más simples, las que hemos olvidado cómo mirar.
Quizá haya algo maravilloso que ver en el reflejo del sol en los cristales de una fachada, en la forma y el filo de unas tijeras, en la media sonrisa de nuestro compañero de vagón de metro... Quizá haya algo maravilloso que ver ahora mismo, justo ante tus ojos. Si sabes mirar.
lunes, 4 de agosto de 2008
viernes, 1 de agosto de 2008
[En otras palabras] Al Sol
Que tengáis una buena cosecha, que nunca os falte el pan. Que el sol os alumbre y os arrope en su calor hasta que llegue el otoño.
AL SOL
Salud, oh sol glorioso,
adorno de los cielos y hermosura,
fecundo padre de la lumbre pura;
oh rey, oh dios del día,
salud; tu luminoso
rápido carro guía
por el inmenso cielo,
hinchendo de tu gloria el bajo suelo.
Ya velado en vistosos
albores alzas la divina frente,
y las cándidas horas tu fulgente
corte alegres componen.
Tus caballos fogosos
a correr se disponen
por la rosada esfera
su inmensurable, sólita carrera.
Te sonríe la aurora,
y tus pasos precede, coronada
de luz, de grana y oro recamada.
Pliega su negro manto
la noche veladora;
rompen en dulce canto
las aves; cuanto alienta,
saltando de placer, tu pompa aumenta.
Todo, todo renace
del fúnebre letargo en que envolvía
la inmensa creación la noche fría.
La fuente se deshiela,
suelto el ganado pace,
libre el insecto vuela,
y el hombre se levanta
extático a admirar belleza tanta.
Mientras tú, derramando
tus vivíficos fuegos, las riscosas
montañas, las llanadas deliciosas,
y el ancho mar sonante
vas feliz colorando;
ni es el cielo bastante
a tu carrera ardiente
de las puertas del alba hasta occidente,
que en tu luz regalada,
más que el rayo veloz, todo lo inundas,
y en alas de oro rápido circundas
el ámbito del suelo;
el África tostada,
las regiones del hielo
y el Indo celebrado
son un punto en tu círculo dorado.
¡Oh, cuál vas! ¡cuán gloriosa
del cielo la alta cima enseñoreas,
lumbrera eterna, y con tu ardor recreas
cuanto vida y ser tiene!
Su ancho gremio amorosa
la tierra te previene;
sus gérmenes fecundas,
y en vivas flores súbito la inundas.
En la rauda corriente
del Oceano, en conyugales llamas
los monstruos feos de su abismo inflamas;
por la leona fiera
arde el león rugiente;
su pena lisonjera
canta el ave, y sonando
el insecto a su amada va buscando.
¡Oh Padre! ¡oh rey eterno
de la naturaleza! a ti la rosa,
gloria del campo, del favonio esposa,
debe aroma y colores,
y su racimo tierno
la vid, y sus olores
y almíbar tanta fruta
que en feudo el rico otoño te tributa.
Y a ti del caos umbrío
debió el salir la tierra tan hermosa,
y debió el agua su corriente undosa,
y en luz resplandeciente
brillar el aire frío,
cuando naciste ardiente
del tiempo el primer día,
¡oh de los astros gloria y alegría!
Que tú en profusa mano
tus celestiales y fecundas llamas,
fuente de vida, por doquier derramas,
con que súbito el suelo,
el inmenso Oceano
y el trasparente cielo
respiran: todo vive,
y nuevos seres sin cesar recibe.
Próvido así reparas
de la insaciable muerte los horrores;
las víctimas que lanzan sus furores
en la región sombría,
por ti a las luces claras
tornan del almo día,
y en sucesión segura,
de la vida el raudal eterno dura.
Si mueves la flamante
cabeza, ya en la nube el rayo ardiente
se enciende, horror al alma delincuente;
el pavoroso trueno
retumba horrisonante,
y de congoja lleno,
tiembla el mundo vecina
entre aguaceros su eternal ruina.
Y si en serena lumbre
arder velado quieres, en reposo
se aduerme el universo venturoso,
y el suelo reflorece.
La inmensa muchedumbre
ante ti desparece
de astros en la alta esfera,
donde arde sólo tu inexhausta hoguera.
De ella la lumbre pura
toma que al mundo plácida derrama
la luna, y Venus su brillante llama;
mas tu beldad gloriosa
no retires: oscura
la luna alzar no osa
su faz, y en hondo olvido
cae Venus, cual si nunca hubiera sido.
Pero ya fatigado
en el mar precipitas de occidente
tus flamígeras ruedas. ¡Cuál tu frente
se corona de rosas!
¡Qué velo nacarado!
¡Qué ráfagas vistosas
de viva luz recaman
el tendido horizonte, el mar inflaman!
La vista embebecida
puede mirar la desmayada lumbre
de tu inclinado disco; la ardua cumbre
de la opuesta montaña
la refleja encendida
y en púrpura se baña,
mientras la sombra oscura
cubriendo cae del mundo la hermosura.
¡Qué magia, qué ostentosas
decoraciones, qué agraciados juegos
hacen doquiera tus volubles fuegos!
El agua, de ellos llena,
arde en llamas vistosas,
y en su calma serena
pinta ¡oh pasmo! el instante
do al polo opuesto te hundes centellante.
¡Adiós, inmensa fuente
de luz, astro divino; adiós, hermoso
rey de los cielos, símbolo glorioso
del Excelso! y si ruego
a ti alcanza ferviente,
cantando tu almo fuego
me halle la muerte impía
a un postrer rayo de tu alegre día.Juan Meléndez Valdés
miércoles, 30 de julio de 2008
Junto a un árbol
Un árbol dice: "En mi vida se oculta un núcleo, una chispa, un pensamiento, soy vida de la vida eterna. Única es la tentativa y la creación que en mí ha osado la Madre Eterna. Única es mi forma y únicas las vetas de mi piel, único el juego más insignificante de las hojas de mi copa y la más pequeña cicatriz de mi corona. Mi misión es dar forma y presentar lo eterno en mis muescas singulares".
Herman Hesse, El Caminante
De vez en cuando es bueno sentirse un poco árbol... vida de la vida eterna, únicos en el universo, desde la primera arruga a la última cicatriz. Aguantar cuando el viento pretenda derribarte, hacer sonar las hojas con el murmullo de las brisas, alumbrar al mundo con el verde de la vida.
Y siempre es bueno toparse con una persona-árbol, y aspirar el aroma de sus flores, tomar sus frutos, descansar junto a su tronco y comprender que hay quien aporta sin pedir a cambio más que compañía.
Dejadme reposar hecha un ovillo entre sus raíces. Quizá mañana sea yo quien deba dar sombra y cobijo.
lunes, 28 de julio de 2008
[Música] Ofrenda
Pedro Guerra es un cantautor canario de bastante éxito. Empezó tocando en el proyecto Taller Canario de Canción, con letras, ritmos e instrumentos, muy apegados a su tierra. Posteriormente ha llegado a ser un artista con miras mucho más amplias que toca todo tipo de temas, algunos bastante polémicos.
Esta canción, que da título a uno de sus discos, está plagada de referencias de sabor pagano. Cuenta el autor que la idea para componerla se la dieron los altares del día de muertos en Oaxaca (México), y que es "una ofrenda para regresar lo que se ha ido".
Esta canción, que da título a uno de sus discos, está plagada de referencias de sabor pagano. Cuenta el autor que la idea para componerla se la dieron los altares del día de muertos en Oaxaca (México), y que es "una ofrenda para regresar lo que se ha ido".
OFRENDA
Lleno un cazo de agua
y lo dejo en la puerta
para que vuelvas.
Trigo y aceitunas,
miel y hierbabuena,
para que vuelvas
Abro la ventana,
lleno la despensa,
para que vuelvas
Un calor del nido,
infusión de menta,
para que vuelvas
Beberás, mojaras tus labios
después de tanto andar.
Hablaras, contarás lo andado
y después descansarás
Diez racimos de uvas
y un frescor de fresas
para que vuelvas
Un humo de incienso
y una luz de vela
para que vuelvas
Beberás, mojaras tus labios
después de tanto andar.
Hablaras, contarás lo andado
y después descansarás.
Agua, tierra, fuego y aire.
Todo lo que esperas
del amor y de la vida.
Te daré mi ofrenda
para que vuelvas.Letra y música: Pedro M. Guerra
viernes, 25 de julio de 2008
[En otras palabras] Me alumbrará el sol a medianoche
Es tiempo de sentir el sol en la piel, de disfrutar de la vida, de zambullirse en el mar de un salto, de compartir con los amigos los frutos de la cosecha. Es tiempo de fuego, de alegría y de reencuentros, de risas y de cantos. Es tiempo de verano, disfrutémoslo.
ME ALUMBRARÁ EL SOL A MEDIANOCHE
Me alumbrará el sol a medianoche
En el suave sueño que el corazón vive
Y alzaré la copa de los días festivos
Cantando de nuevo los caminos en calma;
Sonreiré ante los amargos desiertos
Construyendo sencillos y amables rostros,
Lanzando cosas pequeñas infinitos regalos,
Grandes misterios escuchando la voz de los bienaventurados;
Volverán las historias silenciosas
A gritar las sagradas palabras de alegría,
A llorar en la cascada de rosas blancas
Las imágenes de soledad bailando los encuentros;
Amaré persiguiendo la dicha con sus colores
En el reino de los tesoros compartidos
De los amigos de los ensueños y las realidades
Desenterrando raíces de cualidades y valores.Ricardo Serna G.
miércoles, 23 de julio de 2008
Lo olvidado
No sabemos cómo rezaban los antiguos, no podemos penetrar en la intimidad de su vida religiosa, y por ello nos resultarán desconocidas determinadas profundidades del alma antigua. Si un feliz azar nos devolviese algún libro sagrado de finales del paganismo, las revelaciones que nos aportaría asombrarían al mundo. Veríamos desarrollarse bajo nuestros ojos estos misteriosos dramas, cuyos actos simbólicos conmemoraban la pasión de los dioses, podríamos compartir con los fieles sus sufrimientos, lamentarnos por su muerte y participar en las alegrías de su retorno a la vida. Se hallarían mezclados en estas vastas recopilaciones ritos arcaicos que perpetuaban oscuramente el recuerdo de creencias en desuso y fórmulas tradicionales, concebidas en una lengua envejecida y que apenas se comprendía, junto con las ingenuas oraciones imaginadas por la fe de los primeros tiempos, santificadas por la devoción de los pasados siglos y como ennoblecidas por todas las alegrías y las penas de las pasadas generaciones. Se podría leer a la vez estos himnos en los que la reflexión filosófica se traducía en suntuosas alegorías o se humillaba ante la omnipotencia de lo infinito, poemas de los que sólo determinadas efusiones de los estoicos, que celebraban el fuego creador y destructor, o se entregaban plenamente a la divina Fatalidad, pueden darnos hoy en día alguna idea.
Pero todo esto ha desaparecido y también hemos perdido la posibilidad de estudiar de acuerdo con los documentos auténticos el desarrollo interno de los cultos paganos.
Las religiones orientales y el paganismo romano, Franz Cummont
Nos llamamos a nosotros mismos paganos, porque eso es lo más parecido a lo que sentimos que somos. Nos llamamos a nosotros mismos paganos porque esa palabra conecta con algo profundo en nuestro interior. Nos llamamos a nosotros mismos paganos por contraposición a las religiones que hace siglos llamaron así a quienes no creían lo que ellos. Nos llamamos a nosotros mismos paganos por miles de razones, tantas como las personas que nos encuadramos bajo esa palabra, pero muchas veces no sabemos qué es lo que queremos decir realmente al darnos ese nombre.
Ser pagano es más que una palabra, es un camino... aunque sea una senda medio oculta en la maleza, donde es más sencillo perderse que avanzar.
Tenemos que aprender a asumir que del paganismo antiguo se ha olvidado más de lo que entre todos conseguimos recordar o reconstruir. Y tenemos que aprender a asumir que eso no nos hace menos paganos, sólo paganos actuales.
lunes, 21 de julio de 2008
Mucho más complicado de lo que parece
Ayer topé con un texto que escribí hace casi diez años. Y me sorprendí al ver que cada palabra sigue siéndome válida hoy, aquí, a años-luz de aquel momento y aquellas circunstancias. Las cosas cambian, mucho más de lo que cualquiera podría prever. Pero los cimientos permanecen para permitirnos construir.
Hablábamos de lo complicada que es la vida. De lo increíblemente complicada que puede llegar a ser. No mi vida, ni la tuya. La vida, en general. La vida de todos, entremezclada, como un dibujo de complejidad infinita con la firma de Escher al pie. Un dibujo con las dimensiones y las proporciones tan torcidas y enredadas que no puede tener referente en la realidad. Y que es la realidad.
Podemos escondernos, refugiarnos en el trocito de vida que nos toca, en el que las cosas parecen más o menos normales, aunque a veces aparezca algo fuera de sitio sin saber por qué, y hacernos la ilusión de que las cosas son perfectamente lógicas, que pueden entenderse por criterios racionales, y que, si nos esforzamos un poco, podemos controlarlas, al menos a grandes rasgos.
Hasta que ocurre algo que le da la vuelta a todo, empezando por uno mismo. Algo que nos hace comprender que a todos nos unen hilos, que nos enganchan unos a otros, y que no se puede tocar uno de ellos sin que los demás se muevan. Una sola causa, una mínima acción, puede tener consecuencias en todas direcciones, que a su vez producen consecuencias que rebotan, que forman perturbaciones más allá de nuestro alcance, mucho más allá, que incluso puede que, en uno de esos rebotes que siguen formándose interminablemente, nos golpee de nuevo. Carambolas y contracarambolas.
Uno no suele pararse a pensar en la complejidad de la vida. ¿A quién le incumbe lo que yo pueda hacer? Es asunto mío, quizá de las personas que se ven directamente involucradas, pero de nadie más. Sólo que lo que yo hago te mueve a tí una centésima de milímetro, y ese movimiento tuyo lo mueve a él otra centésima de milímetro más allá... y en el otro extremo de esta trama que es la vida, alguien se encuentra de repente desplazado varios metros, sin suelo bajo sus pies. Y cae.
Tampoco podemos quedarnos quietos. Pero, ya que cualquier movimiento va a multiplicarse por un número elevado a uno seguido de infinitos ceros, por lo menos podemos procurar que ese movimiento sea lo más acertado posible. Así puede que consigamos movernos en la dirección correcta. Porque las buenas consecuencias se multiplicarán exactamente de la misma manera que las malas. No hay nadie controlando los hilos de esta red. Nadie sabe a dónde podemos llegar.
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