miércoles, 12 de septiembre de 2007

Echar una mano no significa
dejarse tomar el pelo

La mayoría de la gente no cree en la magia. Ni siquiera en la magia pequeña y cotidiana de cada día, en la que hace que las flores se abran, que las hojas caídas vuelvan a brotar, y que un montón de intercambios químicos aparentemente caóticos entre nuestras células nos hagan pensar, soñar y amar.

Sin embargo, esta misma gente que considera la magia una tontería, un cuento para niños, ante cualquier problema, por pequeño o tonto que sea, se plantearán la posibilidad de recurrir a ti. Y de repente te conviertes en “la amiga bruja”: “Échame las cartas para ver si Fulanito me quiere”, “Hazme un hechizo para conseguir trabajo”, “Dame un amuleto para atraer el amor”, “Haz una limpieza en mi casa, que siento malas vibraciones”.

Es fácil caer en la tentación de querer “ayudar”, y aún más fácil sentirte importante y que se te suba a la cabeza tanto “poder”. Por eso mismo, debemos evitarlo a toda costa. Si por nuestro sentido de la responsabilidad personal nunca trataríamos de obtener beneficios sin haber trabajado para conseguirlos, ¿por qué vamos a hacerlo sólo porque nos lo pida otra persona?

La magia no arregla la vida, no es un arcano poder ajeno a las leyes naturales de causa y efecto. La magia es la naturaleza, es la causa y el efecto, es la Rueda que gira, la Energía que fluye. Si alguien quiere saber si Fulanito le quiere, que se lo pregunte. Si quiere conseguir un trabajo, que se esfuerce y reparta currículos. Si quiere atraer el amor, que reparta amor. Si quiere que su casa tenga buen ambiente, que la cuide y fomente la armonía entre los miembros de la familia.

Tenemos manos con las que trabajar, consejos, apoyo, comprensión, cariño que dar. No dejemos que nos reduzcan a una sola faceta de nuestra vida.

No dejemos que nos utilicen, como si nuestra religión no fuera más que algo de lo que aprovecharse por capricho.

Aprendamos a decir que no.

2 comentarios:

Lucita dijo...

y además de aprovecharse por capricho, si no lés decís lo que ellos quieren escuchar, se convierten automáticamente en incrédulos nuevamente.

Es así y, desgraciadamente, gente de esa, hay un montón.

Saludos,

Sibila dijo...

Sí, es cierto. Y muchos de ellos jugarán con esa incredulidad, para que nos sintamos inseguros y hagamos lo que quieren para "demostrárselo".
Por eso debemos estar muy seguros de lo que somos y lo que hacemos, y no dejar que nos manipulen. Nuestra responsabilidad no sólo nos obliga para con nosotros mismos sino también para con los demás.