viernes, 3 de octubre de 2008

[En otras palabras] Viento

Lo siento golpeando contra los cristales... ¿de dónde viene? ¿qué me trae? ¿adónde puede llevarme?
Voy a abrir la ventana y escuchar.

VIENTO

Sopla viento, sopla y recorre
mi alma triste y cansada
sopla viento en la noche
tú, a quien nadie ve
tú, a quien nadie asalta.

Yo te conozco, viento,
desde hace ya muchos años
y sin embargo nunca sé
de dónde vienes o a dónde vas
ni siquiera si te vas a quedar.

A veces me calientas
y otras, frío como el hielo
me envuelves y me aprietas
en tu helada soledad
y yo, sin poder hacer nada
intento mantener un fuego
un calor que me haga reaccionar.

Pero tú, viento amigo
jamás te detienes a saludar
eres como ese cortejo
fúnebre y desolado
que por las calles del pueblo
mientras suenan las campanas
pasa silencioso y triste
avanzando sin detenerse
en ninguna puerta o zaguán.

No sé si eres del norte o del sur
o ni siquiera si traes esperanzas,
o tal vez recuerdos
de otros tiempos de felicidad.

Y sin embargo, viento te quiero
te añoro y siempre me elevo
hasta la loma más alta
para sentirte en la cara
sabiendo que vengas de donde vengas
y traigas lo que traigas
siempre, siempre te voy a esperar.

Fernando García Aleixandre

miércoles, 1 de octubre de 2008

[Técnicas] Tomar energía del cielo y de la tierra

Ésta es una técnica muy sencillita, pero que puede aportar mucho. De hecho, y dependiendo de la persona y del momento, tanto puede servir para relajarse como para activarse y llenarse de energía.

En primer lugar, nos situamos de pie en un lugar con cierto espacio libre a nuestro aldededor. No nos mantendremos en una postura rígida, sino con las piernas separadas, flexionando ligeramente las rodillas hasta un punto en el que nos sintamos cómodos. Agitamos los brazos para que estén sueltos y libres de tensión.

Respiramos hondo y lentamente tres veces (inhalando por la nariz y exhalando por la boca), y situamos las manos frente al pecho o el abdomen, paralelas al suelo con las palmas enfrentadas , una arriba y otra abajo, dejando entre ellas una distancia de unos diez centímetros.

Respiramos varias veces más y elevamos la mano superior (la que tiene la palma hacia abajo), mientras hacemos descender la inferior (con la palma hacia arriba), girando las manos hasta que queden paralelas al suelo, una sobre nuestra cabeza, con la palma apuntando al cielo, y otra frente a nuestra cadera o junto a nuestro costado, con la palma apuntando hacia el suelo. Las manos no tienen que estar perfectamente rectas, sino ahuecadas y relajadas. Tampoco estiramos del todo los brazos, sino que los dejamos levemente arqueados, de manera que los codos no estén en tensión.

En esta postura, sentimos cómo la energía que asciende de la tierra llega a nuestra mano inferior, y sube por el brazo, mientras la energía que desciende del aire llega a nuestra mano superior y baja por el brazo hasta que ambas energías se encuentran y se funden en el centro de nuestro cuerpo.

Respiramos hondo mientras percibimos esa sensación y, lentamente, intercambiamos el lugar de ambas manos, haciéndolas pasar una junto a otra frente a nuestro pecho, mientras giramos las palmas para volver a quedar en la postura anterior, pero de manera simétrica. Otra posibilidad (si tenemos más espacio) es girar los brazos en círculo en horizontal, desplazando lentamente el superior hacia el lateral y hacia abajo y el inferior hacia el lateral y arriba al mismo tiempo, estirándolos por completo, hasta llegar a la misma postura.

Ahora la energía del cielo llega a la mano que recibía la de la tierra, y viceversa. Volvemos a concentrarnos en cómo ambas energías se funden en nuestro interior mientras respiramos profundamente.

Podemos repetir estos movimientos tantas veces como queramos, pero siempre teniendo presente que deben hacerse de manera lenta y consciente, nunca convertirlo en un gesto mecánico. Al finalizar, respiramos hondo tres veces, expulsando el aire con fuerza.

Como veis, son unos movimientos muy simples, apenas requiere espacio ni tiempo, y es un gran ejercicio para centrarse y/o anclarse. Espero que os sea de utilidad.

lunes, 29 de septiembre de 2008

Metamorfosis

Las cosas cambian, es innnegable. Basta mirar a nuestro alrededor, y comprobar cómo las hojas de los árboles empiezan a caer para ser conscientes de ello. Y no digamos si nos paramos a recordar cómo era el paisaje que nos rodea hace unos años, cómo eran nuestra casa o nuestra vida...

Las personas cambian todavía más. Nunca dejamos de aprender, de crecer, de descubrir. Desde las casualidades cotidianas más simples a los más impactantes eventos vitales o históricos, miles de cosas se juntan para que hoy no seamos los mismos que ayer.

Y sin embargo, muchas veces conocemos a una persona, la tratamos un breve tiempo, y ya creemos tenerla catalogada. Nacen así simpatías y antipatías, incluso amistades y enemistades, que se prolongan en el tiempo a pesar de que ni nosotros ni esas otras personas somos lo que fuimos... y en algunas ocasiones, incluso, los cambios sean de tal calibre que cuesta reconocer lo que había antes.

Hoy quiero abogar por mirar a las personas conocidas como si fuera la primera vez que las vemos. Quizá esa compañera de clase que te cayó tan bien por ser tan dicharachera y divertida ahora es una mujer engreída y huraña con la que ya no compartes nada. Quizá ese familiar político que creías gruñón y antipático resulte ser, después de todo, un conversador divertido o una compañía encantadora.

Y, de paso, mirémonos también a nosotros mismos. ¿Cuánto hemos cambiado? ¿Qué nos ha traído a dónde estamos ahora? ¿Podemos decir que nos conocemos, en este momento, o sólo recordamos cómo fuimos?

viernes, 26 de septiembre de 2008

[En otras palabras] Desafío al otoño

Porque a veces un sueño toma forma y vive a la luz del día...

DESAFÍO AL OTOÑO

Soñar es ver la vida de otro modo,
y es olvidar un poco lo que es.
Un sueño es casi nada y más que todo;
más que todo al soñarlo... Casi nada después.

José Ángel Buesa

lunes, 22 de septiembre de 2008

[Mitología] Mitos y cuentos (II)

El otro día dije que no considero que los mitos y los cuentos sean tan diferentes, ni que los segundos sean menos dignos que los primeros... será mejor que me explique.

El mito es una narración con vida propia. Guarda imágenes de tal fuerza que se han transmitido desde las raíces de nuestra cultura hasta hoy en día, propagándose y reproduciéndose, dando origen a nuevas historias. Formando parte de nuestra mente, de nuestra cultura. Formando parte de lo que somos.
La función que cumplían en la sociedad que los forjó no es la misma que cumplen hoy en día, y nunca podremos saber exactamente cómo veían ellos a los dioses y a los héroes. Sólo podemos interpolar e interpretar. Pero, a cambio, nuestra historia nos ha dado otra manera de verlos, propia de este momento y este lugar, incluso una propia de cada persona.
Los mitos están vivos, crecen y producen nuevos mitos, leyendas... y cuentos.

¿Es acaso menos real Caperucita que Hércules? ¿Tiene menos valor como reflejo de una forma de ver el mundo y de transmitir enseñanzas la manzana de Blancanieves que las de las Hespérides?
Los cuentos también tienen vida propia, también están fuertemente enraizados en nuestro imaginario colectivo, dando forma a nuestra mente. También han ido cambiando mientras nosotros cambiábamos, y se han mezclado y reproducido en miles de variantes y de historias nuevas. También nos enseñan algo sobre la forma de ver las cosas de quienes los forjaron, y mucho sobre nuestra propia concepción del mundo.
Los cuentos también pueden ser mitos, tan válidos como los clásicos. Quién sabe cuáles serán los mitos que heredará el futuro de nosotros...

viernes, 19 de septiembre de 2008

[En otras palabras] Viento

Flotando, flotando, en las alas del cambio... de aquí para allá sin poner el pie en el suelo.

VIENTO

Cantan las hojas,
bailan las peras en el peral;
gira la rosa,
rosa del viento, no del rosal.

Nubes y nubes
flotan dormidas, algas del aire;
todo el espacio
gira con ellas, fuerza de nadie.

Todo es espacio;
vibra la vara de la amapola
y una desnuda
vuela en el viento lomo de ola.

Nada soy yo,
cuerpo que flota, luz, oleaje;
todo es del viento
y el viento es aire siempre de viaje.

Octavio Paz

miércoles, 17 de septiembre de 2008

[Mitología] Mitos y cuentos (I)

El otro día leí un artículo sobre los héroes de la mitología cuya introducción me dio mucho que pensar. En ella, el autor hacía una clara distinción entre el mito y el cuento, tratando a este último con cierto tono despectivo, lamentando que las narraciones míticas se hubieran amalgamado con ellos hasta casi convertirse en cuentos ellas mismas.

Aunque sin duda tiene su parte de razón (un mito es mucho más que un mero relato), parece olvidar que muchos cuentos son también, a su manera, auténticos mitos, enraizados en nuestro pensamiento y en nuestra cultura.

Pero creo que es mejor que lo leáis vosotros mismos, y os forméis vuestra opinión. La mía os la daré en la próxima ocasión.

El territorio de los mitos, y los senderos que a él conducen, conforman un mundo complejo y atrayente, de límites difusos que, con frecuencia, hace errar el camino a quienes intentan transitar por sus entresijos. Esta es, sin duda, una de las características del mito: la dulce seducción que produce en todo aquel que se acerca a él. Pero quizá este atractivo haya hecho que, al cabo del tiempo, las fronteras entre mito y cuento se hayan ido borrando, de manera que hoy día uno y otro parecen haberse amalgamado hasta hacer casi imposible distinguirlos.

El resultado de este proceso ha sido nefasto para el estudio de los mitos pues, al ser confundidos con los cuentos, se han tratado como meras narraciones fantásticas en cuyas líneas sólo aparecen personajes increíbles y sucesos imposibles. Si un mito es igual que un cuento, ¿qué valor ha de tener en la investigación sobre los sucesos del pasado? ¿Qué crédito cabe conceder a héroes y dioses a los que prestamos la misma credibilidad que a Caperucita o al Gato con Botas? ¿Cómo puede alguien tomarse en serio las hazañas de heracles o las aventuras de Ulises?

En la mayor parte de los casos, los mitos no tienen nada que ver con los cuentos. O, al menos, no con su esencia. Los mitos, especialmente los griegos, no sólo formaron la mentalidad de este pueblo, definieron su alma y determinaron su historia, sino que han influido decisivamente en la generación de lo que, en términos generales, podría llamarse mentalidad occidental.

Es evidente que esto no es aplicable a todos los mitos; muchos han sido depurados por la tradición posterior hasta convertirlos poco menos que en pura literatura. Pero si lo es a aquellas narraciones que, surgidas del pueblo griego, se han ido poco a poco fijando en nuestros recuerdos hasta, por decirlo así, formar parte de nosotros mismos.

Extraído del artículo
Héroes mitológicos. En manos de los dioses,
de Bernardo Souvirón,
publicado en Muy Historia, nº 19,
septiembre de 2008.