viernes, 24 de abril de 2009

[En otras palabras] La enredadera

Porque hay imágenes que te llenan los ojos, e imágenes que te llenan el alma. Porque la alegría y el dolor son las dos caras de una misma moneda. Porque el mundo sigue, ahí afuera, mostrándome cosas nuevas, y mi corazón, aquí dentro, se siente nuevo también.

LA ENREDADERA

En el áureo esplendor de la mañana,
viendo crecer la enredadera verde,
mi alegría no sabe lo que pierde
y mi dolor no sabe lo que gana.
Yo fui una vez como ese pozo oscuro,
y fui como la forma de esa nube,
como ese gajo verde que ahora sube
mientras su sombra baja por el muro.
La vida entonces era diferente,
y, en mi claro alborozo matutino,
yo era como la rueda de un molino
que finge darle impulso a la corriente.
Pero la vida es una cosa vaga,
y el corazón va desconfiando de ella,
como cuando miramos una estrella,
sin saber si se enciende o si se apaga.
Mi corazón, en tránsito de fuego,
ardió de llama en llama, pero en vano,
porque fue un ciego que extendió la mano
y sólo halló la mano de otro ciego.
Y ahora estoy acodado en la ventana,
y mi dolor no sabe lo que pierde
ni mi alegría sabe lo que gana,
viendo crecer la enredadera verde
en el áureo esplendor de la mañana.

José Ángel Buesa

3 comentarios:

Juan Antonio dijo...

Dos caras de una misma moneda. Sí. Sabias palabras.

Gracias.

Wuwei dijo...

Y porque "fuera" y "dentro" son sólo conceptos, y tu corazón es el corazón del mundo, siempre nuevo, en continuo cambio, donde alegrias y penas se suceden unas a otras, y lo único que no cambia, que no puede cambiar, es Eso que lo contiene todo, de donde parte todo, a donde todo regresa...
El mundo se mira a si mismo a través de tus ojos...

Sibila dijo...

Dos caras, sólo que a veces los límites entre ellas no están bien definidos, tanto que podemos confundirlas. Y sin embargo, tan necesarias ambas...

Wuwei, muchas gracias, eso de "el mundo se mira a sí mismo a través de tus ojos" es francamente precioso. Y muy cierto, también.

Gracias por darme en qué pensar. Un abrazo a ambos.