Junto a mi puerta, al lado del rosal, hay una parra. El año pasado descubrí que producía uvas negras cuando ya era tarde para recolectarlas, casi todas se secaron, y los lagartos, pájaros y hormigas se alimentaron con el resto, como sin duda llevarían haciendo desde mucho antes de que yo llegara. Este año cuidé y regué la planta desde que empezó la primavera, y protegí los racimos, que crecieron hermosos y en gran cantidad. La semana pasada recolecté la mayoría de ellos, dejando unos cuantos para que los animales puedan comer.
En la ladera de enfrente, por donde suelo salir a pasear, crecen varias higueras salvajes, que con los calores del verano se han llenado de gordos y dulces higos, muchos más de los que puedo comer, e incluso regalar. Ayer recogí parte de los frutos, con la intención de hacer mermelada para el invierno.
Muchas veces plantamos semillas casi sin darnos cuenta de lo que estamos haciendo. Sembramos palabras y consejos en la mente de otros, realizamos acciones que se quedan enterradas largo tiempo hasta que las circunstancias son las adecuadas para que germinen. Cada uno de esos frutos es un regalo inesperado, pero no debemos olvidar que sigue siendo la consecuencia de nuestras propias causas, que no se nos entrega porque sí, y que, si bien podemos recolectarlo y disfrutarlo, es necesario que algunos frutos sigan en las ramas para que, al caer a tierra y pudrirse, produzcan nuevas semillas que, quién sabe cómo y cuándo, nos aportarán también dulces cosechas.
lunes, 16 de agosto de 2010
lunes, 2 de agosto de 2010
[Recetas] Pan de trigo
Si un alimento forma parte de la cultura occidental, éste es sin duda el pan, que nos acompaña desde los albores de la civilización. Su simbología propia es muy amplia, y se enriquece con la de su forma y sus ingredientes. El trigo, a su vez, es, entre otras cosas, símbolo solar, de renacimiento y de abundancia.
En esta fiesta de la cosecha que, pese a las diferentes creencias y costumbres, bajo una advocación u otra, se celebra en agosto desde tiempo inmemorial, el pan tiene un papel principal.
Esta receta es la más sencilla que conozco para hacer nuestro propio pan de trigo. Lleva bastante tiempo, pero no requiere demasiado esfuerzo, y aunque (sobre todo las primeras veces) el resultado no sea exactamente como el pan que estamos acostumbrados a comprar ya hecho, el mero hecho de amasarlo y hornearlo es toda una experiencia que nos ayuda a conectar con nuestras raíces.
Ingredientes:
- 500 g de harina de trigo
- 33 cl. de agua
- 2 cucharaditas de levadura de panadero
- 2 cucharaditas de sal
- Mezclar en un bol la harina con la sal y la levadura, con una cuchara de madera o con las manos
- Añadir el agua y amasar durante 10 minutos (al rato notaréis el cambio en la textura, pero es bueno seguir amasando unos minutos más después)
- Si al rato de amasar veis que la masa sigue muy húmeda y se pega a los dedos, añadir un poco más de harina, si está muy seca y se desmigaja, añadir un poco más de agua.
- Una vez amasado, colocar la masa en el bol (engrasado con aceite o bien espolvoreado con harina, para que no se pegue), taparlo con un trapo, y dejarlo reposar alrededor de una hora en un sitio cálido.
- Cuando la masa haya subido hasta doblar su tamaño, presionar en el centro, amasarla unos minutos más, dividirlo en las partes que queramos y darle la forma elegida.
- Colocar las piezas en la bandeja del horno (nuevamente, engrasada o enharinada), taparlas con un trapo, dejarlas en un sitio cálido, y dejarla subir durante aproximadamente otra hora hasta que hayan vuelto a duplicar su tamaño.
- Precalentar el horno a 200º C, y poner a hornear.
- El proceso de cocción dura unos 45 minutos, pero depende del tamaño que hayáis escogido para las piezas de pan, y de su forma, así que hay que estar atento y sacarlas cuando estén doradas.
Para el pan de esta celebración, yo le he añadido semillas de sésamo y romero por encima antes de meterlo en el horno, pero hay casi infinitas variaciones posibles.
¡Que aproveche!
Más información:
Pásaos si podéis por The Fresh Loaf, una estupenda página (en inglés) con decenas de recetas de pan, desde las más sencillas a las más refinadas, y buenos trucos para mejorar la técnica.
viernes, 30 de julio de 2010
[En otras palabras] Sonata para adiós y flauta
Lo bueno de los lazos verdaderos es que, por más que se estiren, nunca se rompen.
SONATA PARA ADIÓS Y FLAUTA
Te vas tan sola como siempre
te echaremos de menos
yo y los abrazos de las tardes
yo, mi alma y mi cuerpo.
Tu larga sombra se resiste
a abandonarnos, pero
has decidido que se fuera
contigo a todo riesgo.
De todos modos no querría
que enterraras tu sueño
aquel en que tu amor de nadie
era como un estreno.
Te vas de nuevo no sé a dónde
y tu adiós es un eco
que se prolonga y nos alude
como un último gesto
nunca guardaste la ternura
como pan para luego
estoy seguro de encontrarla
liviana entre tus pechos.
Te vas con paso de derrota
pero no me lo creo
siempre has vencido en tu querella
contra el odio y el miedo.
Quién sabe allá lo que te aguarda
ese allá tan desierto
que se quedó sin golondrinas
todo erial, todo invierno
mas si te extraviaras una tarde
entre el mar y el espejo
recuerda que aquí estamos
yo, mi alma y mi cuerpo.
Mario Benedetti
miércoles, 28 de julio de 2010
El cuento y la imaginación
En el proceso de endoculturación, no basta con enseñar las normas y valores, además es necesario crear las bases para que la persona pueda aprender por sí misma, a pensar, y también a soñar. Los símbolos aprendidos en la infancia se irán enriqueciendo con el tiempo, y el mundo interior se irá poblando con imágenes y significados nuevos. Los cuentos infantiles seguirán así mostrándonos lecciones valiosas durante toda nuestra vida.
La imaginación del niño, que comenzó a despertarse en los primeros meses de vida, brota ya a borbotones y se desbordará sin el cauce de fina arena que le ofrece el cuento de hadas, no dejando que se atrofie o que entre en el campo de la patología. Esa imaginacion infantil que le permite ver un río en la alfombra del pasillo, y una carretera polvorienta en un rayo de sol que llega hasta su mano. Transposición mágica de la realidad en ensueño, despertar de la parte más importante en la vida mental del ser humano, la cualidad imaginativa.
No desterremos el cuento de hadas y de duendes. Mucho se ha discutido sobre ello, pero si a la imaginación del niño no se le da el cuento mágico cuando le llega la hora de nutrirse de maravillas, tomará el relato de brujas o de crímenes espeluznantes o de su cesos misteriosos, que dejarán terrible y peligrosa huella en su cerebro. La necesidad de su espintu la satisfará con lo que encuentre a mano. Es un momento decisivo en su vida interior.
Es doloroso que el niño, siempre imaginativo, se vea defraudado por un exceso de realidades, convirtiéndose en un ser vulgar y gris, siempre a ras de tierra, sin una chispa de luz divina en su cerebro. Tal es el caso de la mayor parte de los seres humanos.
Una imaginación bien canalizada es la más brillante colaboración de la inteligencia, sirviendo a planes bien definidos y concurriendo a resultados utilísimos. Basta recordar el amplio campo de la hipótesis en las ciencias.
Elena Fortún, Pues señor...(Cómo debe contarse el cuento
y cuentos para ser contados)
miércoles, 21 de julio de 2010
Media luna
Yaya Ceravieja siempre se había preguntado qué tenía de especial la luna llena. Sólo era un enorme círculo de luz. Y la luna nueva sólo era oscuridad.
Pero, a mitad de camino entre las dos, cuando la luna estaba entre ambos mundos de luz y oscuridad, cuando incluso la luna vivía en el límite... quizá entonces una bruja podía creer en la luna.
Terry Pratchett, Brujas de Viaje
viernes, 16 de julio de 2010
[En otras palabras] Porvenir
Esperar no siempre basta. A veces hay que perder la paciencia y salir a buscar las cosas que nunca llegan. A veces hay que dejar de correr y cambiar de camino si queremos llegar a alguna parte. Crear el porvenir en lugar de aguardarlo.
PORVENIR
Te llaman porvenir
porque no vienes nunca.
Te llaman: porvenir,
y esperan que tú llegues
como un animal manso
a comer en su mano.
Pero tú permaneces
más allá de las horas,
agazapado no se sabe dónde.
... Mañana!
Y mañana será otro día tranquilo
un día como hoy, jueves o martes,
cualquier cosa y no eso
que esperamos aún, todavía, siempre.
Ángel González
lunes, 12 de julio de 2010
Espejos deformantes
Creemos que los espejos no mienten, y olvidamos que es nuestra mirada la que da sentido a lo que vemos. Miramos donde queremos mirar, pasamos por alto lo que preferimos ignorar, ponemos nuestra mejor pose, y nos mentimos a nosotros mismos.
Buscamos nuestro reflejo en cómo nos ven los otros, y olvidamos que cada persona sólo puede mostrarnos una faceta de lo que somos, y si sólo buscamos la compañía de aquellos que piensan como nosotros o nos dan la razón, silenciamos y negamos gran parte de nuestro ser.
Construimos nuestro autoconcepto creyendo ser objetivos por enfocarlo bajo la luz más intensa para evaluarlo minuciosamente, y olvidamos que esa luz proyecta nuestra sombra más densa y alargada justo allá donde no miramos.
Para llegar realmente a conocerse hay que asumir la existencia de todo lo que llevamos dentro, no sólo de lo que nos resulta agradable, lo que le gusta a los demás, lo que deseamos ser... También de aquello que nos avergüenza, o incluso nos asusta. Quizá una vez aceptemos su existencia, y nuestra responsabilidad en ella, estemos preparados para cambiarlo o dejarlo atrás.
Buscamos nuestro reflejo en cómo nos ven los otros, y olvidamos que cada persona sólo puede mostrarnos una faceta de lo que somos, y si sólo buscamos la compañía de aquellos que piensan como nosotros o nos dan la razón, silenciamos y negamos gran parte de nuestro ser.
Construimos nuestro autoconcepto creyendo ser objetivos por enfocarlo bajo la luz más intensa para evaluarlo minuciosamente, y olvidamos que esa luz proyecta nuestra sombra más densa y alargada justo allá donde no miramos.
Para llegar realmente a conocerse hay que asumir la existencia de todo lo que llevamos dentro, no sólo de lo que nos resulta agradable, lo que le gusta a los demás, lo que deseamos ser... También de aquello que nos avergüenza, o incluso nos asusta. Quizá una vez aceptemos su existencia, y nuestra responsabilidad en ella, estemos preparados para cambiarlo o dejarlo atrás.
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