lunes, 21 de diciembre de 2009

La larga noche

El sol siempre vuelve a salir, por profunda que sea la oscuridad. Cada mañana el amanecer nos traerá luz, calor, y un nuevo día lleno de posibilidades. Todos lo sabemos... al menos, ahora lo sabemos.

Pero retrocedamos por un momento a hace tres mil, cuatro mil años. Cuando nada se sabía de física, y muy poco de biología. Cuando la noche estaba llena de terrores, y no era el menor de ellos el miedo a que la oscuridad no acabase nunca y el frío reinase para siempre. Cuando un invierno demasiado largo significaba hambre, miseria y muerte.
Es mirando con esos ojos con los que comprenderemos de verdad el poder del sol, la importancia de la luz, la belleza y la esperanza que llegan con el amanecer.

Hoy enciendo la llama en el ocaso y la mantengo ardiendo hasta el alba, sabiendo exactamente a qué hora llegará, y sabiendo que cada día a partir de ahora las horas de luz irán aumentando, y disminuyendo las de oscuridad. Porque hoy sé de la inclinación del eje terrestre, y conozco la existencia del movimiento de traslación que sigue el planeta alrededor del sol.

Pero, ajeno a todo eso, el fuego arde, como ardía hace miles de años, ahuyentando mis temores, y alimentando mis esperanzas. Enseñándome de otra manera, inculcándome con un convencimiento más emocional que racional, la certeza de que mañana volverá a salir el sol.


¡Feliz solsticio a todos!

viernes, 18 de diciembre de 2009

[En otras palabras] La víspera

Todo lo que se ha ido acumulando, todo lo que voy descubriendo, todas las nuevas tareas que me pertenecen ya, sin haberlas pensado. Todo este tiempo de tormentas y terremotos, de incendios inexplicados, abre paso a otra cosa. Algo que ha de venir pronto. Tal vez justo mañana.

LA VÍSPERA

Millares de partículas de arena,
ríos que ignoran el reposo, nieve
más delicada que una sombra, leve
sombra de una hoja, la serena

margen del mar, la momentánea espuma,
los antiguos caminos del bisonte
y de la flecha fiel, un horizonte
y otro, los tabacales y la bruma,

la cumbre, los tranquilos minerales,
el Orinoco, el intrincado juego
que urden la tierra, el agua, el aire, el fuego,

las leguas de sumisos animales,
apartarán tu mano de la mía,
pero también la noche, el alba, el día…

Jorge Luis Borges

lunes, 14 de diciembre de 2009

Huellas en la arena

Una vez, hace años, estuve en el lugar adecuado en el momento preciso.
No estaba siendo un buen verano. De hecho, fue el peor verano que he pasado. Gran parte de lo que había construido con mi vida se estaba derrumbando, y trataba de curar mis heridas en sitios que me eran totalmente indiferentes, haciendo cosas muy poco propias de mí con gente que no me aportaba nada.
Estaba desorientada, cansada y llena de frustración. Había seguido mis instintos y me habían llevado a un callejón sin salida, me había permitido soñar y esos sueños se habían roto en mil pedazos.

Así que me limitaba a estar allí, vegetando. Dolida, apática, aletargada, fui testigo de algunas cosas a las que ni siquiera presté atención hasta que escuché un nombre que me era familiar y comprendí que estaba asistiendo a una traición hacia una persona a la que conocía y apreciaba desde mi primera infancia, pero a la que no había visto en varios años. Y cuando volví a verla entonces, en ese lugar, en ese momento, no pude callar.

Le causé un gran dolor, pero supo comprenderlo. Llevaba años enredada entre la verdad y la mentira, tomando lo cierto por falso y lo ilusorio por real. Mi presencia rompió la telaraña, simplemente porque me conocía lo suficiente para saber que nunca le mentiría. Le causé dolor e hice lo posible por paliarlo. Y, mientras lo intentaba, encontré cosas en mi interior que creía olvidadas, y mi propio dolor se fue mitigando. Descubrí que tenía fuerza suficiente para superar aquél momento, y esperanza suficiente para volver a construir, y esta vez sobre mejores cimientos.

“Piensa que la arena es tu corazón”, me dijo mientras paseábamos por la playa, poniendo voz a mis propios pensamientos. “Algunas cosas dejan huellas superficiales, otras, marcas muy profundas. Pero tarde o temprano, el mar las borra”.

Ha pasado mucho tiempo desde entonces. Muchas huellas en la arena desaparecieron por el batir constante de la marea. Pero lo que aprendí esos días no lo he olvidado, y nunca he vuelto a dejarme vencer por el desánimo o por el dolor.
Porque estuve en el lugar apropiado, en el momento justo, para empezar a creer en el destino.

viernes, 4 de diciembre de 2009

[En otras palabras] Tábanos fieros

Yo seré el escudo.
Venid si os atrevéis, picad, sacadme sangre, hacedme daño.
Aquí estoy, de pie, firme, toda mi voluntad como un muro de acero frente a cualquier cosa que pueda llegar.
Para alcanzar a quienes amparo, para hacerles daño, tendréis que vencerme primero, y más aún.
Tendréis que derrotarme por completo, hacerme hincar la rodilla, obligarme a claudicar sin dejarme más opciones.
No pasaréis mientras me quede un latido en el corazón.

TÁBANOS FIEROS

Venid, tábanos fieros,
Venid, chacales,
Y muevan trompa y diente
Y en horda ataquen,
Y cual tigre a bisonte
¡Sítienme y salten!
¡Por aquí verde envidia!
Tú, bella carne,
¡En los dos labios muérdeme:
Sécame; mánchame!
¡Por acá, los vendados
Celos voraces!
Y tú. moneda de oro,
¡Por todas partes!
De virtud mercaderes,
¡Mercadeadme!
Mató el Gozo a la Honra:
¡Venga a mí, y mate!

Cada Cual con sus armas
Surja y batalle:
El placer, con su copa;
Con sus amables
Manos, en mirra untadas,
La virgen ágil;
Con su espada de plata,
El diablo bátame:
¡La espada cegadora
No ha de cegarme!

Asorde la caterva
De batallantes:
Brillen cascos plumados
Como brillasen
Sobre montes de oro
Nieves radiantes;
Como gotas de lluvia
Las nubes lancen
Muchedumbres de aceros
Y de estandartes;
Parezca que la tierra,
Rota en el trance,
Cubrió su dorso verde
De áureos gigantes;
Lidiemos, no a la lumbre
Del sol suave,
Sino al funesto brillo
De los cortantes
Hierros: rojos relámpagos
La niebla tajen:
Sacudan sus raíces
Libres los árboles:
Sus faldas trueque el monte
En alas ágiles:
Clamor óigase, como
Si en un instante
Mismo, las almas todas
Volando ex-cárceres,
Rodar a sus pies vieran
Su hopa de carnes:
Cíñame recia veste
De amenazantes
Astas agudas: hilos
Tenues de sangre
Por mi piel rueden leves
Cual rojos áspides:
Su diente en lodo afilen
Pardos chacales:
Lime el tábano terco
Su aspa volante:
Muérdame en los dos labios
La bella carne:
¡Que ya viene, ya vienen
Mis talismanes!
Como nubes vinieron
Esos gigantes:
¡Ligeros como nubes
Volando iranse!

La desdentada envidia
Irá, secas las fauces,
Hambrienta, por desiertos
Y calcinados valles,
Royéndose las mondas
Escuálidas falanges;
Vestido irá de oro
El diablo formidable,
En el cansado puño
Quebrada la tajante;
Vistiendo con sus lágrimas
Irá, y con voces grandes
De duelo, la Hermosura
Su inútil arreaje:
Y yo en el agua fresca
De algún arroyo amable
Bañaré sonriendo
Mis hilillos de sangre.

Ya miro en polvareda
Radiosa evaporarse
Aquellas escamadas
Corazas centellantes:
Las alas de los cascos
Agítanse, debátense,
Y el casco de oro en fuga
Se pierde por los aires.
Tras misterioso viento
Sobre la hierba arrástranse,
Cual sierpes de colores,
Las flámulas ondeantes.
Junta la tierra súbito
Sus grietas colosales
Y echa su dorso verde
Por sobre los gigantes:
Corren como que vuelan
Tábanos y chacales,
Y queda el campo lleno
De un humillo fragante.
De la derrota ciega
Los gritos espantables
Escúchanse, que evocan
Callados capitanes;
Y mésase soberbia
El áspero crinaje,
Y como muere un buitre
Expira sobre el valle!
En tanto, yo a la orilla
De un fresco arroyo amable,
Restaño sonriendo
Mis hilillos de sangre.

No temo yo ni curo
De ejércitos pujantes,
Ni tentaciones sordas,
¡Ni vírgenes voraces!
Él vuela en torno mío,
Él gira, él para, él bate;
Aquí su escudo opone;
Allí su clava blande;
A diestra y a siniestra
Mandobla, quiebra, esparce;
Recibe en su escudillo
Lluvia de dardos hábiles;
Sacúdelos al suelo;
Bríndalo a nuevo ataque.
¡Ya vuelan, ya se vuelan
Tábanos y gigantes!
Escúchase el chasquido
De hierros que se parten;
Al aire chispas fúlgidas
Suben en rubios haces;
Alfómbrase la tierra
De dagas y montantes;
¡Ya vuelan, ya se esconden
Tábanos y chacales!
Él como abeja zumba,
Él rompe y mueve el aire,
Detiénese, onda, deja
Rumor de alas de ave:
Ya mis cabellos roza;
Ya sobre mi hombro párase;
Ya a mi costado cruza;
Ya en mi regazo lánzase;
¡Ya la enemiga tropa
Huye, rota y cobarde!
¡Hijos, escudos fuertes,
De los cansados padres!
¡Venga mi caballero,
Caballero del aire!
¡Véngase mi desnudo
Guerrero de alas de ave,
Y echemos por la vía
Que va ese arroyo amable,
Y con sus aguas frescas
Bañe mi hilo de sangre!
¡Caballeruelo mío!
¡Batallador volante!

José Martí

lunes, 30 de noviembre de 2009

Rastreando lo intangible

Investigar ciertos conceptos se parece un poco a seguir un rastro. Tienes un nombre, un detalle, un autor o unas pocas frases, recurres a tus conocimientos previos sobre el tema, tratas de relacionarlo con algún otro dato, y lo tomas como punto de partida para buscar más información, que a su vez te abrirá otras opciones entre las que tendrás que elegir la más plausible y seguir el hilo, tejiendo datos, hasta llegar a una conclusión coherente... o a una contradicción en los términos o una nueva información que invalide alguno de los puntos en los que te has basado, en cuyo caso toca deshacer lo elaborado hasta volver al punto en el que estamos razonablemente seguros de ir bien encaminados y optar por otra de las posibilidades.

Pero además, no siempre ese camino nos conduce a donde esperamos llegar. No porque aparezcan obstáculos, sino porque simplemente no hay más pasos que podamos dar. A veces, las opciones se agotan, las pequeñas pistas que parecían prometedoras no llevan a ninguna parte, nuestras preguntas no reciben respuesta, y en general, la búsqueda se estanca y no hay manera de seguir adelante.

Continuar insistiendo, repitiendo los mismos pasos una y otra vez, sólo sirve para agotar nuestras energías y nuestra motivación, frustrándonos. Pero rendirse y abandonar sin más tampoco es la solución.
En ocasiones basta con dejarlo a un lado durante un tiempo, para volver sobre el tema cuando tengamos la mente en otra disposición o hayamos aprendido algo nuevo que tras enlazar con lo que teníamos nos ayude a avanzar otro paso.
Pero muchas veces, la duda puede quedarse hibernando en el fondo de nuestra mente durante meses o años, hasta que llegamos a olvidarnos por completo de ella. Otras cosas requieren nuestra atención, nos interesamos por otros campos, y no volvemos a pensar en investigar ese tema. Y un día, sin más, nos topamos con el eslabón que nos faltaba, delante de nuestros ojos: un libro, una noticia, una conversación, una foto, un enlace en una web o unas palabras dichas al pasar por un desconocido, y volvemos a agarrar el hilo, a seguirlo y a tejer, hasta encontrar la respuesta. A veces, incluso, esa respuesta nos lleva después hacia nuevas preguntas.

No siempre es posible dar con lo que buscamos a la primera, pero a veces, las respuestas llegan cuando uno ya no las espera, y, mientras tanto, las pesquisas que nos guían hasta ellas nos sirve para descubrir muchas más cosas. Y a veces, incluso, andar ese camino nos cambia tanto que elegimos a propósito tomar la bifurcación que nos lleva hacia otra meta.

viernes, 27 de noviembre de 2009

[En otras palabras] Camino blanco, viejo camino...

Siempre hacia adelante... debo andar ahora un camino estrecho e irregular donde no resuenan más pasos que los míos.

Camino blanco, viejo camino,
desigual, pedregoso y estrecho,
donde el eco apacible resuena
del arroyo que pasa bullendo,
y en donde detiene su vuelo inconstante,
o el paso ligero,
de la fruta que brota en las zarzas
buscando el sabroso y agreste alimento,
el gorrión adusto,
los niños hambrientos,
las cabras monteses
y el perro sin dueño...
Blanca senda, camino olvidado,
¡bullicioso y alegre otro tiempo!,
del que solo y a pie de la vida
va andando su larga jornada, más bello
y agradable a los ojos pareces
cuanto más solitario y más yermo.
Que al cruzar por la ruta espaciosa
donde lucen sus trenes soberbios
los dichosos del mundo, descalzo,
sudoroso y de polvo cubierto,
¡qué extrañeza y profundo desvío
infunde en las almas el pobre viajero!

Rosalía de Castro

miércoles, 25 de noviembre de 2009

Hacia el centro

Hay cosas que hay que buscar dentro antes de poder encontrarlas fuera. El corazón propio a veces puede ser el más enrevesado de los laberintos.



El diseño original del laberinto es de André Heller, para su obra Crystal Worlds, parte del Swarovski Kristallwelten en Wattens (Austria). Yo lo he trazado, con más pena que gloria, a partir del esquema que aparece en el libro Laberintos, de Gernot Candolini.