Investigar ciertos conceptos se parece un poco a seguir un rastro. Tienes un nombre, un detalle, un autor o unas pocas frases, recurres a tus conocimientos previos sobre el tema, tratas de relacionarlo con algún otro dato, y lo tomas como punto de partida para buscar más información, que a su vez te abrirá otras opciones entre las que tendrás que elegir la más plausible y seguir el hilo, tejiendo datos, hasta llegar a una conclusión coherente... o a una contradicción en los términos o una nueva información que invalide alguno de los puntos en los que te has basado, en cuyo caso toca deshacer lo elaborado hasta volver al punto en el que estamos razonablemente seguros de ir bien encaminados y optar por otra de las posibilidades.
Pero además, no siempre ese camino nos conduce a donde esperamos llegar. No porque aparezcan obstáculos, sino porque simplemente no hay más pasos que podamos dar. A veces, las opciones se agotan, las pequeñas pistas que parecían prometedoras no llevan a ninguna parte, nuestras preguntas no reciben respuesta, y en general, la búsqueda se estanca y no hay manera de seguir adelante.
Continuar insistiendo, repitiendo los mismos pasos una y otra vez, sólo sirve para agotar nuestras energías y nuestra motivación, frustrándonos. Pero rendirse y abandonar sin más tampoco es la solución.
En ocasiones basta con dejarlo a un lado durante un tiempo, para volver sobre el tema cuando tengamos la mente en otra disposición o hayamos aprendido algo nuevo que tras enlazar con lo que teníamos nos ayude a avanzar otro paso.
Pero muchas veces, la duda puede quedarse hibernando en el fondo de nuestra mente durante meses o años, hasta que llegamos a olvidarnos por completo de ella. Otras cosas requieren nuestra atención, nos interesamos por otros campos, y no volvemos a pensar en investigar ese tema. Y un día, sin más, nos topamos con el eslabón que nos faltaba, delante de nuestros ojos: un libro, una noticia, una conversación, una foto, un enlace en una web o unas palabras dichas al pasar por un desconocido, y volvemos a agarrar el hilo, a seguirlo y a tejer, hasta encontrar la respuesta. A veces, incluso, esa respuesta nos lleva después hacia nuevas preguntas.
No siempre es posible dar con lo que buscamos a la primera, pero a veces, las respuestas llegan cuando uno ya no las espera, y, mientras tanto, las pesquisas que nos guían hasta ellas nos sirve para descubrir muchas más cosas. Y a veces, incluso, andar ese camino nos cambia tanto que elegimos a propósito tomar la bifurcación que nos lleva hacia otra meta.
lunes, 30 de noviembre de 2009
viernes, 27 de noviembre de 2009
[En otras palabras] Camino blanco, viejo camino...
Siempre hacia adelante... debo andar ahora un camino estrecho e irregular donde no resuenan más pasos que los míos.
Camino blanco, viejo camino,
desigual, pedregoso y estrecho,
donde el eco apacible resuena
del arroyo que pasa bullendo,
y en donde detiene su vuelo inconstante,
o el paso ligero,
de la fruta que brota en las zarzas
buscando el sabroso y agreste alimento,
el gorrión adusto,
los niños hambrientos,
las cabras monteses
y el perro sin dueño...
Blanca senda, camino olvidado,
¡bullicioso y alegre otro tiempo!,
del que solo y a pie de la vida
va andando su larga jornada, más bello
y agradable a los ojos pareces
cuanto más solitario y más yermo.
Que al cruzar por la ruta espaciosa
donde lucen sus trenes soberbios
los dichosos del mundo, descalzo,
sudoroso y de polvo cubierto,
¡qué extrañeza y profundo desvío
infunde en las almas el pobre viajero!
Rosalía de Castro
miércoles, 25 de noviembre de 2009
Hacia el centro
Hay cosas que hay que buscar dentro antes de poder encontrarlas fuera. El corazón propio a veces puede ser el más enrevesado de los laberintos.
El diseño original del laberinto es de André Heller, para su obra Crystal Worlds, parte del Swarovski Kristallwelten en Wattens (Austria). Yo lo he trazado, con más pena que gloria, a partir del esquema que aparece en el libro Laberintos, de Gernot Candolini.
viernes, 20 de noviembre de 2009
[En otras palabras] Adolescente fui en días idénticos a nubes...
Atrás quedó lo que fui: ingenua, titubeante, y casi resignada, prisionera entre los muros sin saber que caerían, ni el sueño que me esperaba a la vuelta de la esquina. Pero a veces surge un recuerdo, y no comprendo del todo cómo crucé a la otra orilla, o si algo se hundió en el agua...
Adolescente fui en días idénticos a nubes,
cosa grácil, visible por penumbra y reflejo,
y extraño es, si ese recuerdo busco,
que tanto, tanto duela sobre el cuerpo de hoy.
Perder placer es triste
como la dulce lámpara sobre el lento nocturno;
aquél fui, aquél fui, aquél he sido;
era la ignorancia mi sombra.
Ni gozo ni pena; fui niño
prisionero entre muros cambiantes;
historias como cuerpos, cristales como cielos,
sueño luego, un sueño más alto que la vida.
Cuando la muerte quiera
una verdad quitar de entre mis manos,
las hallará vacías, como en la adolescencia
ardientes de deseo, tendidas hacia el aire.
Luis Cernuda
miércoles, 18 de noviembre de 2009
No necesitamos mártires
Estoy harta de aquellos que usan sus experiencias negativas para situarse en un plano superior a los demás, de los que se creen "más paganos" o "más auténticos" por haberse enfrentado a situaciones de intolerancia o de prejuicio. Porque muchas veces, esas experiencias ni siquiera son debidas a la práctica de su religión, sino justamente al querer imponer su punto de vista sobre otros, al enarbolar sus creencias como una bandera en lugar de limitarse a vivirlas. Muchas veces, quienes más se ponen en el papel de víctimas, son justamente los iniciadores del conflicto, que utilizan luego para respaldar su posición.
Seguir un camino espiritual no implica enfrentarse a nadie que siga otro. Si hay personas que lo creen así, bien... ¿no habéis escuchado nunca la expresión «Dos no pelean si uno no quiere»?
Pero si hay algo que me molesta todavía más, es el querer arogarse para uno mismo y sus creencias el sufrimiento de otros. Inocentes víctimas de la política y la sociedad de tiempos pasados que, en la mayoría de los casos, no hicieron nada más que estar en el momento equivocado cuando alguien buscaba a quien señalar con el dedo como culpable de lo que quiera que en ese momento fuese "malo". Y que ahora algunos, en lugar de respetar su memoria como merecen, utilizan como estandarte para bajo su sombra señalar a otros. Qué vergüenza.
Los paganos actuales no necesitamos sentirnos ofendidos porque otros piensen distinto a nosotros y emplear ejemplos históricos cargados de emocionalidad (y, por tanto, de demagogia) para legitimar un rol de damnificados que no nos pertenece. No necesitamos mártires, si van a servirnos para atacar y demonizar a otras personas por el mero hecho de tener creencias diferentes y compartirlas con muchas otras personas que realizaron, hace mil o dos mil años, malas acciones, por atroces que éstas fueran. Porque lo que uno cree no es el único criterio que define lo que uno es.
Lo que los paganos necesitamos es gente que esté dispuesta a vivir intensamente su espiritualidad, no a sufrir (o a morir) por ella.
Seguir un camino espiritual no implica enfrentarse a nadie que siga otro. Si hay personas que lo creen así, bien... ¿no habéis escuchado nunca la expresión «Dos no pelean si uno no quiere»?
Pero si hay algo que me molesta todavía más, es el querer arogarse para uno mismo y sus creencias el sufrimiento de otros. Inocentes víctimas de la política y la sociedad de tiempos pasados que, en la mayoría de los casos, no hicieron nada más que estar en el momento equivocado cuando alguien buscaba a quien señalar con el dedo como culpable de lo que quiera que en ese momento fuese "malo". Y que ahora algunos, en lugar de respetar su memoria como merecen, utilizan como estandarte para bajo su sombra señalar a otros. Qué vergüenza.
Los paganos actuales no necesitamos sentirnos ofendidos porque otros piensen distinto a nosotros y emplear ejemplos históricos cargados de emocionalidad (y, por tanto, de demagogia) para legitimar un rol de damnificados que no nos pertenece. No necesitamos mártires, si van a servirnos para atacar y demonizar a otras personas por el mero hecho de tener creencias diferentes y compartirlas con muchas otras personas que realizaron, hace mil o dos mil años, malas acciones, por atroces que éstas fueran. Porque lo que uno cree no es el único criterio que define lo que uno es.
Lo que los paganos necesitamos es gente que esté dispuesta a vivir intensamente su espiritualidad, no a sufrir (o a morir) por ella.
viernes, 13 de noviembre de 2009
[En otras palabras] Convertir en sed nuestra tristeza
Aguantando, resistiendo, sosteniéndome firme contra el viento, contra el dolor, el propio y el ajeno. Aguardando el regreso de la luz, aunque su brillo me hiera y me ciegue. No me sentaré a llorar entre las ruinas mientras con las mismas piedras puedan levantarse edificios nuevos.
CONVERTIR EN SED NUESTRA TRISTEZA
A veces nos quedamos silenciosos
tan hondos y vacíos de tristeza,
que nuestra pura desnudez invoca
mudamente la luz de una presencia.
Medimos por el hueco, lo que falta
de densidad y plenitud en esta
lobreguez de ser hombre clausurado,
pero abierto en sí mismo y sin cancela.
Alguien a quien le damos nuestra espalda
nos acosa buscándonos las vueltas
y se pone a mirar hacia lo oscuro
que tiembla en lo interior de la caverna.
Y nosotros sentados hacia dentro,
con los ojos sellados en la piedra,
tememos que, al volvernos, de repente,
nos hallemos de cara a la evidencia.
Porque nunca podremos. Hace falta
que nos bielde la muerte y nos dé vuelta,
que nos meta su luz como en un guante
y nos saque los ojos hacia afuera.
La luz nos llegará. Se hará presente
a inaugurar su reino. Mientras llega,
sólo queda esperar en el silencio
y convertir en sed nuestra tristeza.
Jesús Tomé
miércoles, 11 de noviembre de 2009
En momentos como éste...
A veces lo único que puedes hacer es estar ahí y mantenerte en pie cuando todo se desmorona.
A veces, con eso basta.
A veces, con eso basta.
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