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miércoles, 23 de noviembre de 2011
Tejiendo la red
Según vamos viviendo, vamos construyendo una serie de redes. Como los hilos de una telaraña, conectamos nuestra vida con la de los demás, con nuestro entorno y las normas que lo rigen, buscando puntos de apoyo, apuntalando relaciones, situándonos donde queremos o creemos que nos conviene estar. Acumulamos cosas, costumbres y rutinas que nos ayudan a tener un cierto control sobre el ambiente, y a encontrarnos a gusto en él.
Pero a veces, un apoyo se desmorona, el peso hace colapsar la estructura, o quizá una ráfaga de viento o una mano, inconsciente o malévola, rompe nuestros hilos. Y la mayoría de esas veces nos lanzamos a reconstruir, juntando los pedazos, aquello que ya se ha roto. O, si tenemos fuerza suficiente para dejar atrás lo que sabemos que hemos perdido, podemos tender hilos nuevos partiendo de lo que ha quedado intacto, y recomponer nuestra zona de confort. El problema es cuando nos negamos a reconocer que nuestro esfuerzo va a ser inútil. Cuando nos empeñamos en levantar estructuras sobre bases inadecuadas, o en el lugar y momento menos oportuno, y perserveramos y perseveramos, dejándonos la piel repitiendo una y otra vez los mismos patrones, pretendiendo, con un optimismo injustificado, nacido sólo de nuestra capacidad de autoengañarnos, que esta vez sí, esta vez obtendremos un resultado diferente, aunque hayamos hecho las mismas cosas.
Es difícil desprenderse de los viejos hábitos, de aquello que te hace sentir seguro, del lugar donde sabes que puedes permtirte rendirte y caer, porque caerás en blando. Pero, si lo piensas, ya lo hicimos al menos una vez. El primer hilo que tiende una araña es siempre un salto de fe que requiere dejar atrás el lugar seguro al que había trepado sin saber si alcanzará el siguiente puntal. Una vez también nosotros nos atrevimos a confiar en alguien o a elegir un camino, a partir del cual nuestra vida empezó a crecer. Nuestra red, nuestro lugar seguro, es algo en permanente evolución, algo que empezamos a construir casi de la nada, y podemos reconstruir igualmente cuando sea necesario. No es el lugar, ni los apoyos que eliges, ni cada uno de los hilos, ni la forma en que se entrelazan entre sí. Es la araña en su centro, atenta a cada vibración que su tela le transmite, lo que da sentido a todo el tejido.
Hay muchísimas cosas en la vida que no podemos prever. Cosas para las que es imposible estar preparado, porque obedecen a un azar incalculable. Pero eso no quiere decir que uno de esos acontecimientos tenga necesariamente que poner nuestra vida patas arriba, incluso si no hemos tenido la precaución o la suerte de que nuestro entorno sea lo suficientemente firme como para resistir el golpe. Por mucho que la tormenta nos zarandee, podemos empezar de nuevo. Sólo es preciso un salto al vacío.
miércoles, 22 de junio de 2011
De eclipses y coincidencias
Hace una semana, se produjo un eclipse de luna que comenzaba a la hora del crepúsculo. La luna llena asomaba ya en la primera fase del eclipse, con luz aún en el cielo y las últimas sombras inclinándose hacia ella. Para admirarlo, fui hasta la ladera del Teide, confiando en poder ver la sombra del pico sobre el mar, apuntando a la luna roja. No pudo ser, porque el polvo en suspensión ocultó la luna de nuestra vista hasta que ya las sombras se habían diluido en la oscuridad, pero en ese tiempo, mientras las sombras se arrastraban por la ladera hasta llegar al mar, tuve tiempo de pensar en cuántas cosas tomamos por coincidencias y casualidades, cuántas cosas nos sorprenden por su oportunidad, simplemente porque desconocemos las causas profundas que las relacionan.
Las sombras del ocaso siempre apuntan a la luna llena, porque en eso consiste el plenilunio, en que nuestro satélite está en el lado opuesto al sol con respecto a la Tierra... lo cual es el mismo motivo por el que los eclipses de luna se producen siempre en esa fase.
No es menos maravilloso ni menos mágico porque sepamos lo que ocurre... al contrario, nos permite captar la interrelación, como un magnífico engranaje, que está presente en todo lo que nos rodea, el sutil proceso del que formamos parte, Sol, Luna, Tierra, y nosotros, espectadores privilegiados que asistimos al glorioso espectáculo que la naturaleza nos brinda, seres conscientes, a caballo entre lo material y lo espiritual, que podemos, por ello mismo, percibir y apreciar a la vez su lógica y su poesía.
Formamos parte de este asombroso baile sideral, y somos afortunados de poder comprenderlo y también sentirlo. De poder calcular con precisión milimétrica el movimientos de los astros, y mirar luego al cielo, a esa luna rojiza, y sentir en nuestro interior la música de las esferas.
Imágenes realizadas a partir de fotos tomadas la noche del 15 de Junio en Izaña
Las sombras del ocaso siempre apuntan a la luna llena, porque en eso consiste el plenilunio, en que nuestro satélite está en el lado opuesto al sol con respecto a la Tierra... lo cual es el mismo motivo por el que los eclipses de luna se producen siempre en esa fase.
No es menos maravilloso ni menos mágico porque sepamos lo que ocurre... al contrario, nos permite captar la interrelación, como un magnífico engranaje, que está presente en todo lo que nos rodea, el sutil proceso del que formamos parte, Sol, Luna, Tierra, y nosotros, espectadores privilegiados que asistimos al glorioso espectáculo que la naturaleza nos brinda, seres conscientes, a caballo entre lo material y lo espiritual, que podemos, por ello mismo, percibir y apreciar a la vez su lógica y su poesía.
Formamos parte de este asombroso baile sideral, y somos afortunados de poder comprenderlo y también sentirlo. De poder calcular con precisión milimétrica el movimientos de los astros, y mirar luego al cielo, a esa luna rojiza, y sentir en nuestro interior la música de las esferas.
Imágenes realizadas a partir de fotos tomadas la noche del 15 de Junio en Izaña
miércoles, 13 de abril de 2011
Silvestre
Estamos acostumbrados a los ramos, las macetas, los jardines, los arbustos y los parterres. A rosas, claveles, lirios, crisantemos... Pero hay otra belleza que se muestra en las plantas silvestres que logran abrir sus flores cada año, aprovechando cada gota de lluvia, cada rayo de sol. Una belleza que va más allá de los ojos, que le habla a nuestro corazón de fuerza y de tesón, de los ritmos naturales, de la vida que late en el vientre de nuestra Madre Tierra, esperando su momento.
Porque las flores que brotan espontáneamente, esos pequeños destellos de luz y color entre el pasto, o incluso en las cunetas o en los rincones abandonados, son un regalo de la primavera que nos conecta con nuestra propia savia nueva, y nos recuerda que es el momento de que también nuestras propias semillas extiendan sus brotes hacia el sol..
miércoles, 26 de enero de 2011
Arcoiris
Que algo sea un fenómeno natural y explicable, no quiere decir que no pueda ser mágico.
Mucha gente trata de relegar la espiritualidad a los "huecos", a los grandes misterios de la vida y el universo que la ciencia no puede explicar, como si fuera una muleta en la que apoyarse. Pero el sentimiento de lo sagrado nace de la reverencia y el asombro, y ambas cosas no disminuyen porque sepamos exactamente cómo ocurren las cosas. A veces, incluso, el saberlo no hace más que aumentar nuestra maravilla.
Todas las culturas y las mitologías han observado con fascinación los fenómenos naturales, y han creado mitos sobre ellos.
Si la luz y la oscuridad son poderosas en sí mismas, ¿qué decir de ese prodigio de color que cruza el cielo? La señal del pacto de paz entre el Creador y los hombres, la mensajera de los Dioses, "corriendo sobre el lluvioso viento", el puente Bifrost que une los mundos de Midgard y Asgard, la serpiente de colores del Tiempo del Sueño... el arcoiris es un límite, un umbral, entre el sol y la lluvia. Sólo puedes apreciarlo cuando las condiciones son las precisas, y por más que trates de acercarte, nunca lo alcanzarás. No es de extrañar que siempre fuese considerado un presagio, bueno o malo, pero increíblemente poderoso.
Pero además, el arcoiris nos sirvió para aprender, para conocer mejor el mundo que nos rodea y la naturaleza de la luz. Gracias, entre otras cosas, a esa señal en el cielo, los hombres nunca dejaron de preguntarse por las relaciones entre la luz y el color, por los fenómenos ópticos y nuestra forma de percibirlos, por la misma esencia de la realidad y su significado.
No hace falta una olla llena de oro enterrada en su extremo. Perseguir el arcoiris nos ha hecho más sabios, pero también más humildes; más niños, y como especie, más ricos.
Fotos tomadas el 22 de enero desde mi ventana.
Mucha gente trata de relegar la espiritualidad a los "huecos", a los grandes misterios de la vida y el universo que la ciencia no puede explicar, como si fuera una muleta en la que apoyarse. Pero el sentimiento de lo sagrado nace de la reverencia y el asombro, y ambas cosas no disminuyen porque sepamos exactamente cómo ocurren las cosas. A veces, incluso, el saberlo no hace más que aumentar nuestra maravilla.
Todas las culturas y las mitologías han observado con fascinación los fenómenos naturales, y han creado mitos sobre ellos.
Si la luz y la oscuridad son poderosas en sí mismas, ¿qué decir de ese prodigio de color que cruza el cielo? La señal del pacto de paz entre el Creador y los hombres, la mensajera de los Dioses, "corriendo sobre el lluvioso viento", el puente Bifrost que une los mundos de Midgard y Asgard, la serpiente de colores del Tiempo del Sueño... el arcoiris es un límite, un umbral, entre el sol y la lluvia. Sólo puedes apreciarlo cuando las condiciones son las precisas, y por más que trates de acercarte, nunca lo alcanzarás. No es de extrañar que siempre fuese considerado un presagio, bueno o malo, pero increíblemente poderoso.
Pero además, el arcoiris nos sirvió para aprender, para conocer mejor el mundo que nos rodea y la naturaleza de la luz. Gracias, entre otras cosas, a esa señal en el cielo, los hombres nunca dejaron de preguntarse por las relaciones entre la luz y el color, por los fenómenos ópticos y nuestra forma de percibirlos, por la misma esencia de la realidad y su significado.
No hace falta una olla llena de oro enterrada en su extremo. Perseguir el arcoiris nos ha hecho más sabios, pero también más humildes; más niños, y como especie, más ricos.
Fotos tomadas el 22 de enero desde mi ventana.
miércoles, 19 de enero de 2011
[Noticias] A vueltas con Tindaya
En todos los lugares hay rincones especiales, llenos de historia, cargados de magia, que no suelen ser conocidos mucho más allá de sus aledaños. La montaña de Tindaya es uno de ellos, aunque desgraciadamente en los últimos tiempos ha empezado a hacerse famosa por motivos ajenos a su importancia real.
La isla de Fuerteventura no es especialmente escarpada, y Tindaya, con sus 400 metros de altura, destaca en el paisaje como una señal que llena los ojos.
Los aborígenes la consideraban sagrada, y, como en muchas otras montañas a lo ancho del mundo, encontraban en ella un lugar donde los divino y lo humano podían entrelazarse. En sus alrededores y laderas hay múltiples rastros de la vida y espiritualidad de los majos, y en su cumbre se encuentran una gran cantidad de grabados rupestres en forma de pies.
Aún después de que Fuerteventura fuera conquistada y sus habitantes supervivientes se mezclasen con los nuevos pobladores y adoptasen sus costumbres y religión, Tindaya siguió siendo especial y mágica, incluso sobrecogedora para quienes se acercaban a ella, y durante mucho tiempo fue llamada "la montaña de las brujas".
Su valor ecológico, arqueológico, y espiritual es reconocido por todos los habitantes del archipiélago, y aún tiene mucho que enseñarnos sobre nuestra biodiversidad y nuestra historia.
Y sin embargo, dos amenazas acechan a Tindaya, cada una a su manera.
Por un lado, la montaña está compuesta en gran parte de traquita, un tipo de piedra muy apreciada para usos ornamentales y, por eso mismo, también muy cara. Cualquiera diría que explotar una cantera en un lugar así, declarado monumento natural y Bien de Interés Cultural, no estaría permitido, pero la realidad es que la traquita es realmente, tremendamente cara, y cuando se manejan esas cantidades de dinero, hay gente a la que la palabra "valioso" le empieza a sonar de otra manera.
Y entonces, por otro lado... llegó Chillida. En una de sus inspiraciones de artista, se empeñó en crear una escultura monumental, titánica, "una montaña despojada de su interior para que el espacio entrara en ella, un homenaje a la pequeñez que nos une a todos los hombres". Buscó el emplazamiento ideal donde llevar a cabo su sueño, descartó muchos lugares y al final, eligió Tindaya. Tindaya, la montaña sagrada; Tindaya, la montaña mágica; Tindaya, cuya situación, belleza e historia brillan por sí mismos, sin necesidad de ser soporte para la ideas ni el "arte" de nadie.
¿Vaciar una montaña de tan alto valor histórico, cultural y natural? ¡Qué locura! Pero, un momento... ¿vaciar una montaña a la que luego podrás cobrar entrada y cuyos "escombros" se pueden vender por millones de euros? No hace falta que os diga que a algunos los ojos les hicieron chiribitas.
Hace dieciocho años que la cuestión del monumento en Tindaya se planteó por primera vez. Muchos intereses, dinero e influencias confluyeron en ese proyecto. Muchas voces críticas se alzaron en su contra. Hubieron denuncias, informes, corrupción y papeleo, protestas y escándalos. La montaña se resistía a ser violada, a convertirse en un cascarón sin alma utilizado en beneficio de unos pocos. Chillida murió en 2002, y aunque los defensores de la obra insistían en llevarla a cabo, parecía que sin el apoyo de su iniciador, no saldría adelante. Parecía que por fin Tindaya iba a quedar en paz, incólume, alzándose contra el cielo como el monumento que por sí misma siempre ha sido.
Y entonces, ayer, leí esto en El País:
Renace la montaña sagrada de Chillida
Tras 18 años de polémicas, una reunión entre la familia y el Gobierno canario reflota el proyecto de Tindaya
El politiqueo y los intereses sólo esperaban a que mirásemos hacia otra parte para seguir haciendo negocio. Pero yo que ellos no cantaría victoria aún. La montaña de Tindaya tiene su propio espíritu, su propia fuerza. No os extrañe que, aunque crean conseguir lo que ambicionan, el resultado sea muy diferente a lo que esperaban.
Todas las fotos de esta entrada pertenecen al álbum de Flickr La Montaña de Tindaya de Jose Mesa (Mataparda), y están licenciadas en Creative Commons para que sirvan para el conocimiento y la defensa de este mágico lugar.
Más información:
Tindaya en la Wikipedia
Todos somos Tindaya, blog con todas las noticias e información sobre la evolución del malhadado proyecto.
Plataforma apoyo monumento Chillida Tindaya, por si quereís la otra versión (que siempre es bueno mirar las cosas desde los dos lados).
La isla de Fuerteventura no es especialmente escarpada, y Tindaya, con sus 400 metros de altura, destaca en el paisaje como una señal que llena los ojos.
Los aborígenes la consideraban sagrada, y, como en muchas otras montañas a lo ancho del mundo, encontraban en ella un lugar donde los divino y lo humano podían entrelazarse. En sus alrededores y laderas hay múltiples rastros de la vida y espiritualidad de los majos, y en su cumbre se encuentran una gran cantidad de grabados rupestres en forma de pies.
Aún después de que Fuerteventura fuera conquistada y sus habitantes supervivientes se mezclasen con los nuevos pobladores y adoptasen sus costumbres y religión, Tindaya siguió siendo especial y mágica, incluso sobrecogedora para quienes se acercaban a ella, y durante mucho tiempo fue llamada "la montaña de las brujas".
Su valor ecológico, arqueológico, y espiritual es reconocido por todos los habitantes del archipiélago, y aún tiene mucho que enseñarnos sobre nuestra biodiversidad y nuestra historia.
Y sin embargo, dos amenazas acechan a Tindaya, cada una a su manera.
Por un lado, la montaña está compuesta en gran parte de traquita, un tipo de piedra muy apreciada para usos ornamentales y, por eso mismo, también muy cara. Cualquiera diría que explotar una cantera en un lugar así, declarado monumento natural y Bien de Interés Cultural, no estaría permitido, pero la realidad es que la traquita es realmente, tremendamente cara, y cuando se manejan esas cantidades de dinero, hay gente a la que la palabra "valioso" le empieza a sonar de otra manera.
Y entonces, por otro lado... llegó Chillida. En una de sus inspiraciones de artista, se empeñó en crear una escultura monumental, titánica, "una montaña despojada de su interior para que el espacio entrara en ella, un homenaje a la pequeñez que nos une a todos los hombres". Buscó el emplazamiento ideal donde llevar a cabo su sueño, descartó muchos lugares y al final, eligió Tindaya. Tindaya, la montaña sagrada; Tindaya, la montaña mágica; Tindaya, cuya situación, belleza e historia brillan por sí mismos, sin necesidad de ser soporte para la ideas ni el "arte" de nadie.
¿Vaciar una montaña de tan alto valor histórico, cultural y natural? ¡Qué locura! Pero, un momento... ¿vaciar una montaña a la que luego podrás cobrar entrada y cuyos "escombros" se pueden vender por millones de euros? No hace falta que os diga que a algunos los ojos les hicieron chiribitas.
Hace dieciocho años que la cuestión del monumento en Tindaya se planteó por primera vez. Muchos intereses, dinero e influencias confluyeron en ese proyecto. Muchas voces críticas se alzaron en su contra. Hubieron denuncias, informes, corrupción y papeleo, protestas y escándalos. La montaña se resistía a ser violada, a convertirse en un cascarón sin alma utilizado en beneficio de unos pocos. Chillida murió en 2002, y aunque los defensores de la obra insistían en llevarla a cabo, parecía que sin el apoyo de su iniciador, no saldría adelante. Parecía que por fin Tindaya iba a quedar en paz, incólume, alzándose contra el cielo como el monumento que por sí misma siempre ha sido.
Y entonces, ayer, leí esto en El País:
Renace la montaña sagrada de Chillida
Tras 18 años de polémicas, una reunión entre la familia y el Gobierno canario reflota el proyecto de Tindaya
El politiqueo y los intereses sólo esperaban a que mirásemos hacia otra parte para seguir haciendo negocio. Pero yo que ellos no cantaría victoria aún. La montaña de Tindaya tiene su propio espíritu, su propia fuerza. No os extrañe que, aunque crean conseguir lo que ambicionan, el resultado sea muy diferente a lo que esperaban.
Todas las fotos de esta entrada pertenecen al álbum de Flickr La Montaña de Tindaya de Jose Mesa (Mataparda), y están licenciadas en Creative Commons para que sirvan para el conocimiento y la defensa de este mágico lugar.
Más información:
Tindaya en la Wikipedia
Todos somos Tindaya, blog con todas las noticias e información sobre la evolución del malhadado proyecto.
Plataforma apoyo monumento Chillida Tindaya, por si quereís la otra versión (que siempre es bueno mirar las cosas desde los dos lados).
viernes, 24 de diciembre de 2010
La Rueda del Año
A veces pensamos que damos vueltas en círculos, sin percatarnos de que se puede avanzar hacia adelante en espiral... cada vuelta nos conecta con la anterior, pero nos lleva un poco más lejos.
Que paséis unas felices fiestas como mejor os apetezca celebrarlas.
Fotos tomadas en cada sabbat de este año que termina.
Que paséis unas felices fiestas como mejor os apetezca celebrarlas.
Fotos tomadas en cada sabbat de este año que termina.
miércoles, 27 de octubre de 2010
Visiones de otoño
Crecí en una tierra seca, de matorrales y arbustos, árboles escasos y de hoja perenne. Supongo que por eso pocas cosas me resultan más hermosas que el monte, verde y ocre, al comienzo del otoño.
El bosque bajo la lluvia, y el cerco cada vez más estrecho de la niebla. Las luces, las sombras, los colores... pocas veces tenemos la oportunidad de estar en un lugar en el momento adecuado para apreciarlo en su máximo esplendor, pero cuando sucede, es un regalo inolvidable.
Fotos tomadas en el Puerto de Herrera (Álava), el 11 de octubre.
El bosque bajo la lluvia, y el cerco cada vez más estrecho de la niebla. Las luces, las sombras, los colores... pocas veces tenemos la oportunidad de estar en un lugar en el momento adecuado para apreciarlo en su máximo esplendor, pero cuando sucede, es un regalo inolvidable.
Fotos tomadas en el Puerto de Herrera (Álava), el 11 de octubre.
lunes, 16 de agosto de 2010
Frutos de la cosecha
Junto a mi puerta, al lado del rosal, hay una parra. El año pasado descubrí que producía uvas negras cuando ya era tarde para recolectarlas, casi todas se secaron, y los lagartos, pájaros y hormigas se alimentaron con el resto, como sin duda llevarían haciendo desde mucho antes de que yo llegara. Este año cuidé y regué la planta desde que empezó la primavera, y protegí los racimos, que crecieron hermosos y en gran cantidad. La semana pasada recolecté la mayoría de ellos, dejando unos cuantos para que los animales puedan comer.
En la ladera de enfrente, por donde suelo salir a pasear, crecen varias higueras salvajes, que con los calores del verano se han llenado de gordos y dulces higos, muchos más de los que puedo comer, e incluso regalar. Ayer recogí parte de los frutos, con la intención de hacer mermelada para el invierno.
Muchas veces plantamos semillas casi sin darnos cuenta de lo que estamos haciendo. Sembramos palabras y consejos en la mente de otros, realizamos acciones que se quedan enterradas largo tiempo hasta que las circunstancias son las adecuadas para que germinen. Cada uno de esos frutos es un regalo inesperado, pero no debemos olvidar que sigue siendo la consecuencia de nuestras propias causas, que no se nos entrega porque sí, y que, si bien podemos recolectarlo y disfrutarlo, es necesario que algunos frutos sigan en las ramas para que, al caer a tierra y pudrirse, produzcan nuevas semillas que, quién sabe cómo y cuándo, nos aportarán también dulces cosechas.
En la ladera de enfrente, por donde suelo salir a pasear, crecen varias higueras salvajes, que con los calores del verano se han llenado de gordos y dulces higos, muchos más de los que puedo comer, e incluso regalar. Ayer recogí parte de los frutos, con la intención de hacer mermelada para el invierno.
Muchas veces plantamos semillas casi sin darnos cuenta de lo que estamos haciendo. Sembramos palabras y consejos en la mente de otros, realizamos acciones que se quedan enterradas largo tiempo hasta que las circunstancias son las adecuadas para que germinen. Cada uno de esos frutos es un regalo inesperado, pero no debemos olvidar que sigue siendo la consecuencia de nuestras propias causas, que no se nos entrega porque sí, y que, si bien podemos recolectarlo y disfrutarlo, es necesario que algunos frutos sigan en las ramas para que, al caer a tierra y pudrirse, produzcan nuevas semillas que, quién sabe cómo y cuándo, nos aportarán también dulces cosechas.
miércoles, 21 de julio de 2010
Media luna
Yaya Ceravieja siempre se había preguntado qué tenía de especial la luna llena. Sólo era un enorme círculo de luz. Y la luna nueva sólo era oscuridad.
Pero, a mitad de camino entre las dos, cuando la luna estaba entre ambos mundos de luz y oscuridad, cuando incluso la luna vivía en el límite... quizá entonces una bruja podía creer en la luna.
Terry Pratchett, Brujas de Viaje
lunes, 10 de mayo de 2010
Semillas al viento
Los vientos del cambio soplan con fuerza, haciéndome volar, esparciendo mis pequeñas semillas hasta lejanas tierras fértiles que no puedo ni empezar a imaginar. Quién sabe dónde brotarán mis flores.
lunes, 22 de marzo de 2010
Las primeras flores
El invierno ha sido tan largo como fue el verano, e igualmente intenso, pero ya empiezan a brotar las flores. Éstos son sólo los primeros colores de la primavera. Tuve que esperar hasta el mismo día del equinoccio y andar mucho para encontrar las suficientes como para poder llevarme algunas. Pero el sol ya ha teñido el valle de verde brillante, y, poco a poco, más flores van saliendo a la luz para llenarme los ojos de alegría.
Sé que el invierno nunca dura para siempre, y que las tormentas, al tiempo que arrastran, nutren semillas ocultas. Pronto a muchas más cosas les llegará el tiempo de florecer y mostrar colores nunca vistos.
Sé que el invierno nunca dura para siempre, y que las tormentas, al tiempo que arrastran, nutren semillas ocultas. Pronto a muchas más cosas les llegará el tiempo de florecer y mostrar colores nunca vistos.
miércoles, 20 de enero de 2010
Tentando a la fortuna
Sólo unos pasos más, sólo unos días... después, ocurra lo que ocurra, sabré que me he ganado el descanso. Aunque luego tenga que seguir en el camino, nadie me arrebatará lo que ya he avanzado. Y quizá haya aprendido mucho más de lo que esperaba, sobre cosas muy distintas de aquellas a las que estaba prestando atención.
Foto tomada en el Monte de Las Mercedes el 17 de enero
lunes, 11 de enero de 2010
El alba
Ha sido una larga noche...
Pero ya comienza un nuevo ciclo, y la luz de la mañana me calienta el corazón.
Fotos tomadas a bordo del barco entre Gran Canaria y Tenerife, el 9 de enero
miércoles, 25 de noviembre de 2009
Hacia el centro
Hay cosas que hay que buscar dentro antes de poder encontrarlas fuera. El corazón propio a veces puede ser el más enrevesado de los laberintos.
El diseño original del laberinto es de André Heller, para su obra Crystal Worlds, parte del Swarovski Kristallwelten en Wattens (Austria). Yo lo he trazado, con más pena que gloria, a partir del esquema que aparece en el libro Laberintos, de Gernot Candolini.
lunes, 26 de octubre de 2009
[Arte] Itálica
Muy cerca de Sevilla, en Santiponce, se conservan aún las ruinas de la que fue la primera ciudad fundada por los romanos en Hispania: Itálica. Los legionarios se establecieron en el lugar, a principios del s. III a. C., y el asentamiento se convirtió en pueblo, en ciudad. Creció, prosperó, fue cuidada y embellecida, tuvo tal importancia que entre sus muros nacieron dos hombres que llegaron a ser grandes emperadores...

Y pasó el tiempo. Itálica cayó en decadencia, como el propio Imperio, convertida en terreno baldío o cantera, expoliada, olvidada. Un montón de ruinas, viejas piedras que sólo unos cuantos locos podían tener interés en observar o conservar.
Pero siguió pasando el tiempo. Y con él cambiaban las ideas y las costumbres. Ya en el siglo XIX, conocer el pasado era importante para mucha gente. Y entonces, junto con otros lugares abandonados y minusvalorados, se volvieron los ojos a Itálica , un tesoro al que casi nadie antes había prestado atención. Y empezaron las excavaciones, los estudios, el cuidado, el respeto. La emoción de sacar a la luz, poco a poco, parte de lo perdido.

Empezaron a escucharse entre las piedras derruidas las viejas voces romanas, los viejos mitos a salir de entre el polvo, los viejos tiempos a tendernos la mano a través de los siglos. Empezamos a descubrir, y con ello, empezamos recordar.
Fotos tomadas en las ruinas de Itálica en este mes de octubre (a excepción de las imágenes de los mosaicos, sacadas de postales porque mi cámara no les hace justicia).
Más Información:
Itálica en la Wikipedia
Itálica en el Portal de Museos y Conjuntos Arqueológicos y Monumentales de Andalucía
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