Esto es un exabrupto. Creo que por una vez puedo permitírmelo, y si no aquí, dónde.
Disculpadme aquellos con los que no va nada de esto. No quiero decir con ello que las personas a las que me refiero sean peores que nadie. Sólo que no han movido un dedo para tomar un rumbo en sus vidas, y se han acogido a lo más fácil, que es repetir como loros cosas que han oído o leído sin saber qué quieren decir. Sé que mis palabras no van a causar ningún efecto en ellos aunque, por pura casualidad, recalasen aquí. Es sólo una manera de desahogarme.
Para elegir un camino espiritual hace falta sentirlo, pero también pensarlo.
Si no tenéis la fuerza de voluntad necesaria para afrontar el cambio en vuestra forma de pensar, si no tenéis la responsabilidad suficiente para aceptar el nuevo camino con todas sus consecuencias, si no tenéis las suficientes neuronas como para pensar lo que hacéis antes de dar el paso, entonces ni lo intentéis.
Madurad primero. No esperéis que os lo den todo hecho y masticado, que se produzcan fabulosos cambios en vuestra vida sólo por decir que sois una cosa que no sois. Porque decir que sois wiccanos sin saber lo que significa, sin haberlo aprendido nada más que cuatro frases hechas y un par de tópicos, no es ser interesantes, es demostrarle al mundo lo estúpidos que sois.
Dejad la infancia atrás de una vez. No importa que tengáis 15 años o 35, si no sois capaces de aceptar las consecuencias de vuestros actos, seguís siendo unos niños. Creced, y después podréis plantearos qué queréis hacer con vuestras vidas. Pero para eso, primero tenéis que tener una vida propia.
Disculpadme de nuevo. Tenía que soltarlo.
miércoles, 8 de agosto de 2007
martes, 7 de agosto de 2007
Poder
Resultaría cómico, si no diera pena, la cantidad de gente que se acerca al paganismo o la wicca buscando “poder”.
Son fauna, además, de lo más variopinta: desde los que desean invocar espíritus (normalmente preguntan por un método para invocar demonios, aunque no sabrían de dónde viene la palabra “demonio” ni golpeándoles con un diccionario en la cabeza) hasta los que piensan que agitando una varita y encendiendo una vela todos sus deseos se van a hacer realidad y su vida será fantástica y maravillosa y vivirán felices y comerán perdices por siempre jamás. Pasando por todos esos que desean preguntar si su chico/a les quiere, conquistar al chico/a que les gusta, vengarse del chico/a que les ha dejado, y todas las variantes del “tengo entre 14 y 18 años, y mis hormonas y mis neuronas están en constante desavenencia”.
Al final, todo se reduce a lo mismo: Poder. Poder para conseguir lo que desean, para obtener control sobre otras personas, para ser “superiores” a los demás... Todas las razones erróneas.
Cualquier motivo para profesar una religión que no sea espiritual, es una estupidez. Y la wicca es una religión. No es un tipo de magia, buena o mala, sino un conjunto de creencias. Y las creencias, la fe, no te darán más o menos poder. Porque el poder no es algo abstracto y místico, es simplemente la capacidad de cada uno para usar su voluntad.
¿Y qué clase de voluntad tienen aquellos que ni siquiera ponen el más mínimo empeño para alcanzar sus metas, sino que esperan que otras personas les den sin más un poder misterioso y sobrenatural para conseguirlas sin tener que poner nada de su parte?
Son fauna, además, de lo más variopinta: desde los que desean invocar espíritus (normalmente preguntan por un método para invocar demonios, aunque no sabrían de dónde viene la palabra “demonio” ni golpeándoles con un diccionario en la cabeza) hasta los que piensan que agitando una varita y encendiendo una vela todos sus deseos se van a hacer realidad y su vida será fantástica y maravillosa y vivirán felices y comerán perdices por siempre jamás. Pasando por todos esos que desean preguntar si su chico/a les quiere, conquistar al chico/a que les gusta, vengarse del chico/a que les ha dejado, y todas las variantes del “tengo entre 14 y 18 años, y mis hormonas y mis neuronas están en constante desavenencia”.
Al final, todo se reduce a lo mismo: Poder. Poder para conseguir lo que desean, para obtener control sobre otras personas, para ser “superiores” a los demás... Todas las razones erróneas.
Cualquier motivo para profesar una religión que no sea espiritual, es una estupidez. Y la wicca es una religión. No es un tipo de magia, buena o mala, sino un conjunto de creencias. Y las creencias, la fe, no te darán más o menos poder. Porque el poder no es algo abstracto y místico, es simplemente la capacidad de cada uno para usar su voluntad.
¿Y qué clase de voluntad tienen aquellos que ni siquiera ponen el más mínimo empeño para alcanzar sus metas, sino que esperan que otras personas les den sin más un poder misterioso y sobrenatural para conseguirlas sin tener que poner nada de su parte?
lunes, 6 de agosto de 2007
La raspa de pescado mágica
Hace mucho tiempo, cuando era casi una niña, leí un cuento sin saber que escondía una lección que me marcaría para siempre.
Ni siquiera era un gran cuento, aunque nadie puede negarle la originalidad. Lo escribió Charles Dickens, y forma parte de Holiday Romance, una serie de cuentecitos escritos desde el punto de vista de una pandilla de niños que deciden escribir cada uno una historia para pasar sus vacaciones. Debido a ese punto de partida, el cuento está lleno de anacronismos, que le dan una ternura especial.
Si alguien quiere leerlo entero, puede encontrarlo aquí (en inglés, no conozco más traducción al español que aquél libro olvidado donde yo lo leí por primera vez)
En resumen, la pequeña Alice Rainbird, de siete años, cuenta la historia de la princesa Alicia (en realidad se trata de una familia normal, con un padre oficinista al que no le llega la paga para alimentar a sus diecinueve hijos, pero la imaginación de la niña los convierte en reyes y príncipes). Un día, un hada se aparece a su padre y le explica cómo puede su hija llegar a poseer una raspa de pescado mágica, que le concederá un deseo, siempre que lo pida en el momento adecuado.
La princesa guarda la raspa de pescado, y cada vez que ocurre un problema en casa (la madre cae enferma, uno de los niños se corta una mano, el bebé se golpea contra la chimenea…) en lugar de usarla, sale del apuro por sus propios medios, aunque a veces eso requiera un gran esfuerzo y mucho tiempo. En cada ocasión, su padre le pregunta si ha perdido o se ha olvidado de la raspa de pescado mágica, ella le responde que no, y luego corre a su habitación a contarle a su muñeca el gran secreto de la raspa mágica.
Por último, una noche ve a su padre particularmente triste y éste le confiesa que no tienen dinero, a pesar de que ha estado trabajando duro y lo ha intentado por todos los medios. “¿Lo has intentado duramente, lo has intentado por todos los medios, has hecho todo lo que estaba en tu mano?”, le pregunta la princesa Alicia. “Sin duda”, responde él. Y entonces ella le desvela el secreto: “Cuando hemos hecho lo máximo posible, y eso no da resultado, entonces es el momento correcto para pedir ayuda a otros”. Sólo entonces, saca la princesa su raspa de pescado mágica, que acaba con todos sus problemas, porque pidió el deseo adecuado.
A lo largo de mi vida, he tenido muchos problemas, como todo el mundo. Y cada vez que surgen dificultades o me encuentro en apuros, viene a mi mente la raspa de pescado de la princesa Alicia. ¿He hecho todo lo posible?, me pregunto. ¿Lo he intentado duramente, lo he intentado por todos los medios? ¿Me he esforzado lo suficiente, hasta agotar mis posibilidades? Si la respuesta es “No”, busco otra manera, le dedico más tiempo y más entrega. Y sólo cuando realmente he hecho todo lo que estaba en mi mano, sólo entonces, recurro a otros medios y a otras vías.
Las más importantes enseñanzas, las que más nos marcan y nos aportan, aparecen donde menos las esperas.
Ni siquiera era un gran cuento, aunque nadie puede negarle la originalidad. Lo escribió Charles Dickens, y forma parte de Holiday Romance, una serie de cuentecitos escritos desde el punto de vista de una pandilla de niños que deciden escribir cada uno una historia para pasar sus vacaciones. Debido a ese punto de partida, el cuento está lleno de anacronismos, que le dan una ternura especial.
Si alguien quiere leerlo entero, puede encontrarlo aquí (en inglés, no conozco más traducción al español que aquél libro olvidado donde yo lo leí por primera vez)
En resumen, la pequeña Alice Rainbird, de siete años, cuenta la historia de la princesa Alicia (en realidad se trata de una familia normal, con un padre oficinista al que no le llega la paga para alimentar a sus diecinueve hijos, pero la imaginación de la niña los convierte en reyes y príncipes). Un día, un hada se aparece a su padre y le explica cómo puede su hija llegar a poseer una raspa de pescado mágica, que le concederá un deseo, siempre que lo pida en el momento adecuado.
La princesa guarda la raspa de pescado, y cada vez que ocurre un problema en casa (la madre cae enferma, uno de los niños se corta una mano, el bebé se golpea contra la chimenea…) en lugar de usarla, sale del apuro por sus propios medios, aunque a veces eso requiera un gran esfuerzo y mucho tiempo. En cada ocasión, su padre le pregunta si ha perdido o se ha olvidado de la raspa de pescado mágica, ella le responde que no, y luego corre a su habitación a contarle a su muñeca el gran secreto de la raspa mágica.
Por último, una noche ve a su padre particularmente triste y éste le confiesa que no tienen dinero, a pesar de que ha estado trabajando duro y lo ha intentado por todos los medios. “¿Lo has intentado duramente, lo has intentado por todos los medios, has hecho todo lo que estaba en tu mano?”, le pregunta la princesa Alicia. “Sin duda”, responde él. Y entonces ella le desvela el secreto: “Cuando hemos hecho lo máximo posible, y eso no da resultado, entonces es el momento correcto para pedir ayuda a otros”. Sólo entonces, saca la princesa su raspa de pescado mágica, que acaba con todos sus problemas, porque pidió el deseo adecuado.
A lo largo de mi vida, he tenido muchos problemas, como todo el mundo. Y cada vez que surgen dificultades o me encuentro en apuros, viene a mi mente la raspa de pescado de la princesa Alicia. ¿He hecho todo lo posible?, me pregunto. ¿Lo he intentado duramente, lo he intentado por todos los medios? ¿Me he esforzado lo suficiente, hasta agotar mis posibilidades? Si la respuesta es “No”, busco otra manera, le dedico más tiempo y más entrega. Y sólo cuando realmente he hecho todo lo que estaba en mi mano, sólo entonces, recurro a otros medios y a otras vías.
Las más importantes enseñanzas, las que más nos marcan y nos aportan, aparecen donde menos las esperas.
domingo, 5 de agosto de 2007
Mentes abiertas
El problema de tener una mente abierta es que la gente se empeña en llegar y tratar de poner cosas dentroTerry Pratchett, Cavadores
(El éxodo de los gnomos, II)
Parece que en los tiempos que corren, la gente tiene miedo a parecer “intolerante” por decir a los demás que no comulga con sus ideas. He escrito aquí decenas de veces (probablemente sea una de las cosas que más repito) que todas las creencias merecen un respeto. Y ahí está la clave: las creencias. Una creencia es algo personal e intransferible, que ayuda a una persona a definirse, a encontrarle un sentido a su vida, a sobrellevar los malos momentos o a realizarse como individuo. Y, por definición, es imposible demostrar su certeza o su falsedad, es simplemente una cuestión de fe.
No hay creencias más válidas que otras, excepto en el sentido concreto de que hay sistemas filosóficos, religiosos o morales que “encajan” mejor con la forma de ser de una persona concreta. Lo que es otra forma de decir que hay creencias más válidas para cada uno, pero en ningún caso es algo generalizable.
Normalmente, cuando alguien te acusa de tener la mente cerrada, es porque no puede convencerte de algo: “Yo conozco la Verdad Única y Absoluta, y si tú no la ves, es porque tienes la mente cerrada”. Pues es curioso… pero yo juraría que insisitir en que sólo existe una Verdad, y quienes no creen en ella están todos equivocados es un síntoma de mente cerrada más que el dudar de la existencia de dicha Verdad Absoluta.
Y no quiero decir que dudar de todo sea bueno, o que no debamos atrevernos a defender nuestra postura cuando creamos que algo es cierto. Hay cosas de cuya veracidad podemos estar razonablemente seguros. Cosas que están comprobadas y contrastadas. ¿Que es posible que, en un futuro, cuando conozcamos más sobre nuestro universo y las leyes que lo rigen, algunas de esas cosas se revelen incompletas? Por supuesto. Y para eso sirve la mente abierta, la mente inquisitiva. Para analizar las nuevas ideas que nos lleguen, ponerlas en relación con lo que ya sabemos, contrastarlas con otra información, y decidir si se trata de una idea interesante o una estupidez.
En cuestiones de fe, el proceso es similar. Sólo que, en lugar de preguntarnos “¿es esto cierto o falso?”, nos preguntamos: “¿es esto bueno para mí y mi forma de ver la vida?”. Habrán creencias que, de puro ajenas a las nuestras, nos resulten irreales, extrañas, o ridículas. Pero eso no las hace menos válidas para aquellos que las profesan. No somos nadie para juzgar lo que hace dichoso a otra persona, y mucho menos para tratar de convencerle de que cambie su forma de ver las cosas.
Y, por supuesto, nadie es quién para tratar de convencernos de que seamos de otra manera. Pueden aportarnos argumentos, ya sea sobre hechos o sobre creencias, pero sólo nos corresponde a nosotros decidir si esos argumentos son válidos, veraces o encajan en nuestra vida. Aceptar sin más las cosas que te digan no es tener la mente abierta, es no tener ideas propias.
viernes, 3 de agosto de 2007
[En otras palabras] Sinfonía de la Trilla
Es tiempo de cosecha. De dar gracias, de mirar atrás y contemplar con aprecio los frutos de nuestro esfuerzo. Es tiempo de cosecha, y el mundo sonríe. Sonriamos también.
SINFONÍA DE LA TRILLA
Sacude las épicas eras
un loco viento festival.
¡Ay yeguayeguaa!...
Como un botoón en Primavera
se abre un relincho de cristal.
Revienta la espiga gallarda
bajo las patas vigorosas.
¡Ay yeguayeguaa!...
¡Por aumentar la zalagarda
trillarían las mariposas!
Maduros trigos amarillos,
campos expertos en donar.
¡Ay yeguayeguaa!...
Hombres de corazón sencillo.
¿Qué más podemos esperar?
Éste es el fruto de tu ciencia
varón de la mano callosa.
¡Ay yeguayeguaa!...
¡Sólo por falta de paciencia
las copihueras no dan rosa!
Sol que cayó a racimos sobre el llano,
ámbar del Sol, quiero divinizarte
en la flor, en el grano y en el vino.
Amor sólo me alcanza para amarte,
¡para divinizarte, hazme divino!
Que la tierra florezca en mis acciones
como en el jugo de oro de las viñas,
que perfume el dolor de mis canciones
como un fruto olvidado en la campiña.
Que trascienda mi carne a sembradura
ávida de brotar por todas partes,
que mis arterias lleven agua pura,
¡agua que canta cuando se reparte!
Yo quiero estar desnudo en las gavillas,
pisando por los cascos enemigos,
yo quiero abrirme y entregar semillas
de pan ¡yo quiero ser de tierra y trigo!
Yo di licores rojos y dolientes
cuando trilló el Amor mis avenidas,
ahora daré licores de vertiente
y aromaré los valles con mi herida.
Campo, dame tus aguas y tus rocas,
entiérrame en tus surcos, o recoge
mi vida en las canciones de tu boca
como un grano de trigo de tus trojes...
Dulcifica mis labios con tus mieles
¡campo de los recónditos panales!
Perfúmame a manzanas y laureles,
desgráname en los últimos trigales...
Lléname el corazón de cascabeles,
¡campo de los lebreles pastorales!
Rechinchan por las carreteras
los carros de vientres fecundos.
¡Ay yeguayeguaa!...
¡La llamarada de las eras
es la cabellera del mundo!
Va un grito de bronce removiendo
las bestias que trillan sin tregua
en un remolino tremendo...
¡Ay yeguayeguaa!...
Pablo Neruda
jueves, 2 de agosto de 2007
Prestar ayuda
Qué fácil es hacer alarde de bondad y altruismo. Decir que los wiccanos son magos buenos o brujas blancas, que no hacen mal a nadie y que usan la magia para cuidar y proteger a la gente. Como si los wiccanos fuéramos mejores que el resto de las personas, más puros o más santos.
Pues no. Los wiccanos somos personas, y como tales, tenemos cosas buenas y cosas malas. No tenemos poderes especiales ni nadie nos ha llamado a convertirnos en guía y ejemplo para los demás. Vivimos nuestras vidas, sin más. Protegemos y ayudamos a aquellos a quienes queremos… y no lo hacemos precisamente por medio de la magia.
Porque para ayudar a una persona, muchas veces lo único que hace falta es hablar con ella, echarle una mano, darle un abrazo. Dejarle que viva su vida como mejor quiera, aunque lo que haya decidido nos parezca un error, y limitarnos a estar ahí cuando tropiece, si es que lo hace, para ayudarle a levantarse y seguir adelante.
No hace falta ser “especial” ni “mágico” para ayudar a alguien. Los que se acercan a la wicca porque quieren “proteger a mi familia/novio/amigos”, lo único que están haciendo es buscar un motivo para erigirse en figura de autoridad, sentir que están por encima de los otros, que los demás dependen de su protección, les deben agradecimiento por ello.
¿Queréis ayudar a los demás? Adelante, haced cosas por ellos. Acompañadles, apoyadles, consoladles, colaborad cuando os necesiten. Pero no tratéis de imponerles nada. Porque eso no lo hacéis por ellos, lo hacéis por vosotros mismos.
Pues no. Los wiccanos somos personas, y como tales, tenemos cosas buenas y cosas malas. No tenemos poderes especiales ni nadie nos ha llamado a convertirnos en guía y ejemplo para los demás. Vivimos nuestras vidas, sin más. Protegemos y ayudamos a aquellos a quienes queremos… y no lo hacemos precisamente por medio de la magia.
Porque para ayudar a una persona, muchas veces lo único que hace falta es hablar con ella, echarle una mano, darle un abrazo. Dejarle que viva su vida como mejor quiera, aunque lo que haya decidido nos parezca un error, y limitarnos a estar ahí cuando tropiece, si es que lo hace, para ayudarle a levantarse y seguir adelante.
No hace falta ser “especial” ni “mágico” para ayudar a alguien. Los que se acercan a la wicca porque quieren “proteger a mi familia/novio/amigos”, lo único que están haciendo es buscar un motivo para erigirse en figura de autoridad, sentir que están por encima de los otros, que los demás dependen de su protección, les deben agradecimiento por ello.
¿Queréis ayudar a los demás? Adelante, haced cosas por ellos. Acompañadles, apoyadles, consoladles, colaborad cuando os necesiten. Pero no tratéis de imponerles nada. Porque eso no lo hacéis por ellos, lo hacéis por vosotros mismos.
miércoles, 1 de agosto de 2007
Pedir permiso
Otra de las plagas que aquejan a la gente que empieza a indagar en su espiritualidad que me molesta especialmente es la manía de buscar a alguien que les dé su aprobación o les otorgue algún tipo de beneplácito para hacer lo que desean hacer.
Imagino que el problema de base es que se trata de personas muy jóvenes, un poco perdidas, que tratan de rebelarse contra la autoridad establecida y el único sistema que conocen para hacerlo es buscar una autoridad que se contraponga a ésa. Muchos adolescentes, a esa edad, acaban erigiendo en “líder” de la pandilla a alguien de su misma edad, que sabe tanto o tan poco como ellos, y siguiendo sus sugerencias, simplemente porque toda su vida han estado acostumbrados a hacer caso a alguien y no se les ocurre que quizá puedan dejar de obedecer a una autoridad sin necesidad de empezar a obedecer a otra.
No se les ocurre que, si se lo proponen, pueden pensar por sí mismos y tomar sus propias decisiones, sin necesitar que nadie las refrende para que sean válidas. Y cuando esos adolescentes se interesan por la wicca o el paganismo en general, buscan algo similar, una seguridad que les aclare todas sus dudas con respuestas sencillas y directas. Pero no todas las preguntas tienen ese tipo de respuestas.
Veo todos los días preguntas de ese estilo en páginas de wicca, algunas sobre cosas tan personales e individuales que me estremezco al pensar qué puede suceder si alguien falto de escrúpulos decide responder a ellas maliciosamente. “¿Puedo adorar al Dios Tal y la Diosa Cual?” “¿Qué opina la wicca del sexo?” “¿Qué opina la wicca de la homosexualidad?” “¿Puedo poner música heavy en mis rituales?” ¿Qué debo escribir en mi Libro de las Sombras?”
Son el tipo de preguntas que descubren al que las hace, o bien como alguien que no se molesta en buscar información y leer un poco sobre algo que supuestamente le interesa tanto (“Para qué” -deben pensar- “busco un maestro que me lo explique y así aprenderé los grandes misterios de la vida, el universo y todo sin esforzarme”), o bien como alguien con una personalidad tan débil, que necesita que una sanción divina apruebe su modo de vida antes de atreverse a hacer lo que desea.
La wicca es una religión sin dogmas. Eso quiere decir que, aunque en lo esencial estén de acuerdo, dos wiccanos pueden tener actitudes muy diferentes ante cosas como el sexo (que la sexualidad sea algo sagrado puede implicar para algunos que hay que practicarla cuanto se pueda, y para otros, que es necesario un vínculo espiritual con otra persona antes de practicar sexo con ella), los pasos que deben seguir los rituales, las características de las herramientas, la música que consideran más adecuada para meditar… Como en todo, cada persona tiene su propia opinión sobre las cosas, y sobre gustos no hay nada escrito.
Lo que hay que aprender es justamente a encontrar tu propia opinión, tu propia espiritualidad. Estudia a fondo las creencias que a un primer vistazo tanto te gustan… quizá resulta que no encajan contigo después de todo. Si necesitas la seguridad de alguien que te señale qué es “lo bueno” y qué es “lo malo”, quizá debas primero plantearte hasta qué punto tu moral y tus creencias te pertenecen y no te has limitado a aceptar sin razonar todo lo que te han dicho.
Debes vivir tu propia vida, ser total y conscientemente responsable de cada uno de tus pasos. Las respuestas a cosas como “¿qué debo hacer?”, o, mucho más allá, “¿qué debo pensar sobre…?” sólo puedes encontrarlas dentro de ti mismo. De lo contrario, no estarás ejerciendo ningún tipo de control sobre ti mismo ni sobre tu vida, y estarás negándote a emplear tus mayores dones: tu inteligencia y tu voluntad.
Imagino que el problema de base es que se trata de personas muy jóvenes, un poco perdidas, que tratan de rebelarse contra la autoridad establecida y el único sistema que conocen para hacerlo es buscar una autoridad que se contraponga a ésa. Muchos adolescentes, a esa edad, acaban erigiendo en “líder” de la pandilla a alguien de su misma edad, que sabe tanto o tan poco como ellos, y siguiendo sus sugerencias, simplemente porque toda su vida han estado acostumbrados a hacer caso a alguien y no se les ocurre que quizá puedan dejar de obedecer a una autoridad sin necesidad de empezar a obedecer a otra.
No se les ocurre que, si se lo proponen, pueden pensar por sí mismos y tomar sus propias decisiones, sin necesitar que nadie las refrende para que sean válidas. Y cuando esos adolescentes se interesan por la wicca o el paganismo en general, buscan algo similar, una seguridad que les aclare todas sus dudas con respuestas sencillas y directas. Pero no todas las preguntas tienen ese tipo de respuestas.
Veo todos los días preguntas de ese estilo en páginas de wicca, algunas sobre cosas tan personales e individuales que me estremezco al pensar qué puede suceder si alguien falto de escrúpulos decide responder a ellas maliciosamente. “¿Puedo adorar al Dios Tal y la Diosa Cual?” “¿Qué opina la wicca del sexo?” “¿Qué opina la wicca de la homosexualidad?” “¿Puedo poner música heavy en mis rituales?” ¿Qué debo escribir en mi Libro de las Sombras?”
Son el tipo de preguntas que descubren al que las hace, o bien como alguien que no se molesta en buscar información y leer un poco sobre algo que supuestamente le interesa tanto (“Para qué” -deben pensar- “busco un maestro que me lo explique y así aprenderé los grandes misterios de la vida, el universo y todo sin esforzarme”), o bien como alguien con una personalidad tan débil, que necesita que una sanción divina apruebe su modo de vida antes de atreverse a hacer lo que desea.
La wicca es una religión sin dogmas. Eso quiere decir que, aunque en lo esencial estén de acuerdo, dos wiccanos pueden tener actitudes muy diferentes ante cosas como el sexo (que la sexualidad sea algo sagrado puede implicar para algunos que hay que practicarla cuanto se pueda, y para otros, que es necesario un vínculo espiritual con otra persona antes de practicar sexo con ella), los pasos que deben seguir los rituales, las características de las herramientas, la música que consideran más adecuada para meditar… Como en todo, cada persona tiene su propia opinión sobre las cosas, y sobre gustos no hay nada escrito.
Lo que hay que aprender es justamente a encontrar tu propia opinión, tu propia espiritualidad. Estudia a fondo las creencias que a un primer vistazo tanto te gustan… quizá resulta que no encajan contigo después de todo. Si necesitas la seguridad de alguien que te señale qué es “lo bueno” y qué es “lo malo”, quizá debas primero plantearte hasta qué punto tu moral y tus creencias te pertenecen y no te has limitado a aceptar sin razonar todo lo que te han dicho.
Debes vivir tu propia vida, ser total y conscientemente responsable de cada uno de tus pasos. Las respuestas a cosas como “¿qué debo hacer?”, o, mucho más allá, “¿qué debo pensar sobre…?” sólo puedes encontrarlas dentro de ti mismo. De lo contrario, no estarás ejerciendo ningún tipo de control sobre ti mismo ni sobre tu vida, y estarás negándote a emplear tus mayores dones: tu inteligencia y tu voluntad.
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